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"Morochito" Rodríguez volvió a tremendear
26/10/2012 07:26:26 p.m. |
Francisco "Morochito" Rodríguez se atrevió a volar papagayo para una edición aniversaria de Líder
Por:
Reiner Izturriaga rizturriaga@cadena-capriles.com
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"Morochito" Rodríguez regresó a la infancia cuando se puso a volar el papagayo | Foto: Archivo Cadena Capriles
CARACAS.- "Compadre, ya me iba, creía que no venía", comenta mientras se monta en el carro en el punto de encuentro acordado para luego trasladarnos hacia su hogar en Propatria. "Tengo que hacer una diligencia", acuñó, en el momento que le explicamos todos los caminos verdes que tuvimos que tomar para evitar el asfixiante tráfico capitalino.
"Ahorita tengo que ir a buscar al hombre que me va a arreglar la cocina, tenemos que darle rapidito", nos advirtió.
"Sal, mujer, para que te conozcan. Bueno no quiere salir porque anda en shorts", dice a la vez que se acomoda en el sofá individual y nos da la bienvenida.
"Morochito" Rodríguez, como él mismo dice, viene de una familia humilde. "Soy morocho con Alida, somos del mismo día pero ella está más vieja que yo", bromea. "En los días de mi niñez vendía pescado con mi abuela en las mañanas, pero después, en las tardes, me la pasaba jugando pelotica de goma o trompo, que era lo más fácil, bueno en realidad jugaba de todo".
"En mayo era el día del papagayo, allá (en Oriente) le dicen volador y todos los muchachos diseñaban el suyo. A veces nos montábamos en las matas a tumbar coco. Eso era lo que hacíamos, todo era muy sano".
"También jugábamos algo que ahorita no recuerdo como se llama, pero poníamos varias monedas y teníamos que darle con una piedra y si las volteabas te ganabas los reales. Esos eran los juegos todos los días porque no había para dónde agarrar", cuenta entre risas.
Al estar compartiendo con esta gloria, que le dio a Venezuela su única medalla dorada en unos Olímpicos, tras imponerse en la final de los 48 kilos del boxeo en México '68, fue inevitable preguntarle acerca de un recuerdo de aquel día cuando le cambió la vida.
"La noche antes del pesaje de la pelea final, tenía mucha sed y me tomé un jugo. Bueno aquello me hizo mucho mal porque después no podía hacer el peso reglamentario. Tuve que correr, ir al baño, sufrí mucho hasta que lo logré hacer. Más tarde me encontré al rival en el comedor, era un coreano que se llama Young Ju Jee, y le dije: 'Te voy a caer a vergajazo'. Él me respondió y por supuesto no le entendí nada. Todo aquello fue por la rabieta que pasé con lo del peso".
Tras una breve pausa, se levanta de su asiento y se acerca a la mesa donde está una bolsa con metras. "La verga, ¿qué hacen ustedes con estas pichas". Toma las metras y sale al pasillo.
"Así era que jugaba yo": Se coloca en cuclillas y arma un cuadro. "Mira, con la uñita, así era que se le daba".
Por ese instante, el niño que recorría las calles de Cumaná regresó al cuerpo de aquel señor que acababa de cumplir 63 años. Tomó el papagayo, lo observó. "Estos bichos de ahora ni suenan, antes los hacíamos roncar". Luego de juguetear por un rato se escuchó un "vámonos, chico, tengo que buscar al hombre de la cocina".
El adulto había regresado a su cuerpo.
El fotógrafo nos cuenta (Nelson Pulido)
Los años le dieron a "Morochito" la experiencia necesaria para ubicarse frente al lente. La sonrisa es espontánea y su rostro, que no oculta las marcas de las mil y una batallas de su largo trajinar, evoca perfectamente ese sentimiento de añoranza cuando sostiene el "volador" o juega con las metras.
Trabajar mano a mano con un personaje que vistió de gloria a un país entero fue un verdadero privilegio. El tiempo pasó volando al lado de un Rodríguez que sigue moviéndose rápidamente, activo en cada toma y directo como derechazo, "Apúrate, chico, que ya me duele el pie", gancho al hígado cuando el foco falla.
En las metras, sin duda, fue donde "Morochito" se vio más cómodo.
Apenas las tomó, de manera espontánea armó su cuadro para empezar a golpearlas. No paró hasta que las sacó todas. "¿Viste que todavía pego?", alardeó.
Por el contrario, en la perinola se le notó menos ducho. "Aquí vamos a pasar todo el día esperando que yo meta una. Esto sí lo jugué poco", dijo.
Con el papagayo se divirtió en grande. Comenzó a correr como un niño, los años no parecían que hubiesen pasado. El rostro se le iluminaba. Eso era carrera tras carrera.
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