Una buena medida
10/08/2012 11:55am | La lucha contra el doping se ve que ha sido dura en estos Juegos Olímpicos
La lucha contra el doping se ve que ha sido dura en estos Juegos Olímpicos. Es tradición que las pruebas se le hagan a los medallistas, pero en esta ocasión se les hará prueba a la mitad de los asistentes a la máxima cita del deporte
universal; es decir, a casi 600 atletas y los medallistas son solo 300.
El azar forma parte de este sistema. Cada atleta que haga vida en la Villa Olímpica, haya competido ya o espere su turno, debe notificar a su jefe de misión o a alguna autoridad si abandonará el lugar, pues de llegar los señores de la Agencia Mundial de Dopaje (WADA) a tomar una muestra sorpresa y el atleta no se encuentra en el lugar donde se supone debería estar, será considerado como sospechoso de dopaje.
Puede que la medida sea un poco exagerada, porque tampoco se les debe tratar como unos presos a los atletas, pero me parece efectiva la medida para evitar el juego sucio. En los 14 días de competición, hasta el momento, ninguno de los deportistas ha dado positivo, salvo el caso de la nadadora china, que se espera por la contraprueba, pero todo parece indicar que fue un error.
Ya se empieza a notar que la máxima fiesta del deporte universal está a pocas horas de bajar el telón. Ayer dimos un pequeño paseo por la zona internacional de la Villa Olímpica y son escasos los atletas que hacen vida en los edificios.
Días atrás, caminar por los alrededores era casi imposible y si los periodistas nos disponíamos a “pescar” a algún atleta a las puertas, podíamos ver un desfile de superestrellas, pasando por el tenista chileno Fernando González, hasta el basquetero francés Tony Parker.
Lamentablemente, Roger Federer no se quedaba en la Villa y no tuvimos la ocasión de tropezárnoslo.
Pero ahora la situación es diferente. Esas escenas de las películas del lejano oeste norteamericano donde solo se ve el viento levantar el polvo y rodar bolas de paja se asemejan bastante al ambiente de silencio que se vive en la Villa, por la soledad en la que va quedando.