El poder de la palabra
13/09/2012 7:54am | Para creer que se tiene la razón, muchas veces solo hace falta saber argumentar
Para creer que se tiene la razón, muchas veces solo hace falta saber argumentar. Las largas carreras políticas, tan llenas de baches y derrotas, están llenas de ejemplos claros.
Por ejemplo, César Farías declaró después del triunfo inédito de Venezuela en Paraguay que había pensado en renunciar si perdían. Es cuestión de cada quien creerle o no, pero él podría argumentar ahora que si Arango, Salomón y “Maestrico” jugaron tan bien como lo hicieron, fue gracias a sus mensajes en los medios. Después del juego agradeció a sus jugadores por “creer por completo en cómo se está trabajando”, pero antes de hacer la convocatoria dijo públicamente que había visto a Rondón jugando su peor partido. Y que Arango, en el duelo de ida contra el Dínamo Kiev, estuvo “trotando” en algunos pasajes. Si él confía en sí mismo, en sus palabras y sus ideas, ¿quién le hará cambiar de opinión?
Otro podría responderle que él mismo había aclarado en rueda de prensa que no había dicho nombres, de modo que ese hipotético argumento de que su mensaje a los jugadores caló hondo entre estos tres protagonistas del triunfo histórico en Defensores del Chaco, y dio sus frutos, se caería por su propio peso.
Farías también había adelantado que “un puntico” era bueno. Ahora que sacó tres y cumplió con recuperar el terreno perdido en casa contra Chile, tiene un mes para pensar “en familia” una nueva estratagema que lo lleve a reafirmar que solo los vencedores pueden hablar y equivocarse a placer, y aun así, o pese a eso, tener razón. Hasta que llegue la derrota.