Consistencia y dominio
07/06/2012 6:52pm | Johan Santana se apoya en la tecnología para estudiar a sus rivales. Pasa horas mirando videos de los bateadores que va a enfrentar, para saber con cuáles pitcheos puede dominarlos.
Johan Santana se apoya en la tecnología para estudiar a sus rivales.
Pasa horas mirando videos de los bateadores que va a enfrentar, para
saber con cuáles pitcheos puede dominarlos. Hace recordar la disciplina
de
Greg Maddux, quien tenía un programa de computación con la
información de cada toletero que tendría enfrente. Cada lanzador tiene
su método.
Sabe que a él también lo estudian; qué movimiento hace
cuando lanza la recta o el cambio, si algo varía, por eso se concentra
en hacer siempre todo igual, que no se sepa qué va a tirar.
Un
envío bien colocado es más letal que una recta de 97 millas por hora y
el viernes en Citi Field, Santana lo ratificó con un recital de control
que terminó en la hazaña del no hitter contra los desconcertados
Cardenales, impotentes al cambio.
Semanas atrás nos había dicho
que aún no se sentía en perfecto dominio y destacaba la necesidad de ser
consistente, poner la pelota donde quiere, donde no le puedan hacer
daño.
Desde que comenzó esta temporada, algunos expertos
vaticinaron que Santana no sería nunca el mismo lanzador del Cy Young,
insistieron en que la lesión no le permitiría estar entre los mejores
lanzadores de las mayores y se especuló que los Mets podrían cambiarlo a
mitad de temporada, buscando refrescar los brazos.
Pero los
hechos han ido silenciando esos pronósticos y con lo bien que están los
Mets ya nadie insinúa que pueda tener otro destino. En Flushing lo
adoran, el primer lanzador en los 50 años del equipo que concreta una
joya sin hits ni carreras y además viniendo de un blanqueo. Eso es
dominio, eso es calidad de As, no es un golpe de suerte de un novato,
eso es para que recuerden que el dos veces ganador del Cy Young está de
vuelta. Y los Mets lo respaldaron como nunca. Recordamos la odiosa frase
de
Casey Stengel con los Mets inaugurales, los de 1962, cuando les fue
pésimo y el veterano dijo: “Me han enseñado maneras de perder que yo
desconocía”, porque no se cumplió esa noche.
Jugaron primores a
la defensa, le pusieron el alma y el físico, se destaparon a batear y la
suerte se puso del lado de quienes hicieron mejor su trabajo. “¿Qué si
seré el mismo? -nos dijo Johan Santana-”. El tiempo lo dirá, me siento
muy bien”.
Por fortuna el beisbol no es tan predecible, tampoco el tiempo, sería muy aburrido.