Emoción superior
02/08/2012 4:54pm | El beisbol nos ha dado a los aficionados venezolanos momentos
maravillosos. Desde el debut de Alejandro “Patón” Carrasquel en las
Grandes Ligas en 1939 y la inolvidable hazaña de los siempre recordados
“Héroes del 41”
El beisbol nos ha dado a los aficionados venezolanos momentos maravillosos. Desde el debut de Alejandro “Patón” Carrasquel en las Grandes Ligas en 1939 y la inolvidable hazaña de los siempre recordados “Héroes del 41”, coronados campeones en la Serie Mundial amateur celebrada en La Habana, los peloteros criollos nos han dado importantes satisfacciones.
Celebramos al “Chico” Carrasquel como primer latino en un Juego de Estrellas, cada lance de Luis Aparicio y sus 9 campeonatos de bases robadas y cuando César Tovar sonó nuestra primera “escalera” o jugó las 9 posiciones. Nos sentimos orgullosos por la trayectoria de David Concepción, la versatilidad de “Vitico”, el poder de Antonio Armas y Andrés Galarraga, la genialidad de Omar Vizquel, los Cy Young de Johan Santana y Félix Hernández. Vimos “en Vivo y directo” el “no hit no run” de Wilson Álvarez y hasta los fanáticos de los Orioles ligamos cada out. Hemos festejado cada hazaña, los títulos del “Gato”, Magglio Ordóñez y Carlos González. Los rescates de Francisco Rodríguez. La Serie Mundial de Oswaldo Guillén. La historia que hasta ahora nos ha contado Miguel Cabrera.
De memoria se nos hace difícil contar cuántos Guantes de Oro tiene nuestra cosecha y en Bates de Plata vamos por el mismo camino. El beisbol nos ha dado incontables alegrías, centenares de titulares para destacar momentos, pero la emoción por el logro olímpico es otra cosa.
No sé cómo fue cuando ganó “Morochito” Rodríguez porque tenía solo un año, pero recuerdo la emocionada transmisión de Gonzalo López Silvero del bronce de Rafael Vidal, por ejemplo y me atrevo a decir que es incomparable.
Lo que Rubén Limardo nos hizo sentir fue muy grande. Escuchar nuestro himno y ver nuestra bandera elevarse a lo más alto es una emoción inigualable.
Un atleta olímpico es un ser humano por encima del promedio. Un atleta que recibe una medalla pertenece a una élite casi celestial y el Oro es la superioridad entre los mejores.
Este primero de agosto nunca lo olvidaremos, supimos cómo se siente la gloria, como se tranca en la garganta y nos hace un nudo feliz, y lloramos de alegría y se nos pone la piel de gallina y reafirmamos, a través de ese joven Rubén Limardo, que con disciplina, humildad, trabajo y apoyo de la familia, es posible llegar a lo más alto.