Con algo tenemos que comenzar
27/04/2012 8:01am | ¿Qué problema no es complejo en esta vida? Resolver hasta el más sencillo conlleva una serie de pasos.
¿Qué problema no es complejo en esta vida? Resolver hasta el más sencillo conlleva una serie de pasos. Pongamos: hoy, en era 2.0, pagar el banco o el condominio es más fácil... Si tienes Internet... y si tu conexión es buena y si tu agencia va con los tiempos modernos. En fin, ya me entienden.
Disminuir la violencia no se acaba con la suspensión del alcohol, cierto, pero es un pasito, a mi juicio, necesario. Todos los países que han tomado medidas para mejorar el espectáculo en los estadios lo han hecho, de Inglaterra a Colombia. Las razones son obvias, el alcohol altera los sentidos, a pesar de que muchos creamos, como dice Rubén Blades, que “tenemos más control” ¿Que pagan justos por pecadores? Tal vez, sin embargo, dada la espiral de violencia, en este momento urge tomar este camino.
“Falta cultura”, he escuchado muchas veces cuando se analiza el tema de la violencia en el fútbol en Venezuela. La frase es un cliché que nos lleva a... nada. ¿Y mientras llega la “señora” cultura, qué hacemos? ¿Nos sentamos a esperar un programa de concientización mientras los fanáticos se caen a trompadas? Cultura hace falta en todo el país, cultura ciudadana, pero eso es otro tema.
“La violencia es un reflejo del país”. Otra frase que le da al que la dice un aura de filósofo. Y sí, según uno de los tantos estudios que se publican a diario, Venezuela es el sexto país más violento del mundo, pero... ¡Un partido de fútbol sucede en un recinto arquitectónico!, del que se conocen sus entradas y salidas, con un público que tiene (o debe tener) una entrada y está enmarcado en un calendario (lo que permite planificar y prevenir cualquier desastre). Que dos borrachitos se caigan a botellazos en una calle es un espectáculo deplorable, pero que no se puede prever. Que 10 pelagatos alboroten todo un estadio es desidia de los organizadores (entiéndase, desde autoridades estatales, FVF y policía hacia abajo).
Lo que sí me preocupa sobre lo que he leído es un punto clave para entender todo este rollo de las venganzas entre barras y piques eternos: sí, se puede evitar y trabajar en mantener el orden adentro del estadio, pero, ¿qué pasa afuera? Fain Binda, columnista de la BBC, escribió un brillante artículo sobre todo lo que se trabajó en Inglaterra para frenar la sed de sangre de los hooligans; no obstante, advierte: “Para pacificar las canchas ha sido preciso mucho esfuerzo, y para mantenerlas así se necesita una vigilancia constante, dentro y fuera de los estadios. Y aun así, no es suficiente, porque ahora los episodios más graves de violencia vinculados al fútbol se registran fuera de las canchas”. Con las cárceles hacinadas, con asesinatos diarios, ¿cómo tipificar, detener o impedir la reincidencia de un ciudadano que delinca en las calles aledañas a los recintos deportivos? Ahí tenemos que ser ingeniosos. En la próxima columna daremos algunas ideas.