El fútbol, la presión y la testosterona
22/06/2012 4:35pm | ¿Cuánto tiene que ver la sicología en una competencia corta como la
Eurocopa? En el torneo hemos visto a una España rígida, calculadora, que
pasó la primera ronda con lo justo, vigilando qué hacían sus compañeros
de llave.
¿Cuánto tiene que ver la sicología en una competencia corta como la Eurocopa? En el torneo hemos visto a una España rígida, calculadora, que pasó la primera ronda con lo justo, vigilando qué hacían sus compañeros de llave. Por el contrario, encontramos a una Italia más alegre y una Portugal que empieza a preocupar a los favoritos, cuando antes de iniciar el torneo no aparecía como seria aspirante.
En Latinoamérica nos gusta invocar a la testosterona como la principal virtud para obtener un resultado. “¡Pongan huevos!”, gritan muchos cuando sienten que las cosas no van por buen camino en el fútbol. Pero, científicamente, está comprobado que con “echarle bolas” no basta. La revista Newsweek publicó un trabajo en el que se determina que la testosterona solo trae resultados positivos cuando es regulada por una cantidad adecuada de otra hormona llamada cortisol.
La testosterona nos permite enfrentar un temor y vencerlo; sin embargo, si su combinación con el cortisol no es equilibrada, podemos volvernos descontrolados y agresivos. Algo así como convertirnos en Pepe, versión Real Madrid. Mucho se ha hablado de “La garra charrúa”, por ejemplo. Pero la verdad es que la continuidad de trabajo desde el Mundial, más la presencia de jugadores habilidosos como Cavani, Forlán, Suárez (por solo nombrar a algunos) les permitió a los de Tabárez volver a la palestra en el balompié.
España enfrenta este torneo sabiéndose defensora del título y, además, campeona del mundo. Sin lugar a dudas, esto genera no solo presión a su cuerpo técnico sino a los jugadores. Cualquier cosa que no sea una final, sería vista como un fracaso para la mayoría de medios de comunicación de ese país. Esto tiene una explicación también científica: la dopamina. Scott Huettel, director del Centro de Estudios Neuroeconómicos de la Universidad de Duke, pone un ejemplo: un atleta que gana una medalla de bronce siente mayor gratificación que el que gana una de plata. ¿Por qué? Porque “el que gana plata piensa en los errores que le costó el oro”.
Pensemos en Venezuela en la Copa América. El equipo era un mar de dudas antes del torneo. A medida que el equipo fue ganando –independientemente de su sistema táctico– el espectador se fue sintiendo cada vez más identificado con el grupo. Aún se recuerda lo que fue y no pudo ser ante Paraguay, pero pocos recriminaron que no se llegase a la final. Esto tiene que ver con la gratificación. Paradójicamente, fue Robert Montgomery, un entrenador de baloncesto reconocido por sus controvertidas acciones (tenía más testosterona que cortisol), el que dio en el clavo con una gran frase: “No es la voluntad de ganar lo más importante, es el deseo de prepararse para ganar”. En pocas palabras, con echarle bolas no basta.