Pasó, pasa y seguirá pasando
18/05/2012 8:07am | “Caliche”. Así definimos en las redacciones una noticia que, por su naturaleza, no causa sorpresa. Y Caliche es que un equipo venezolano quede campeón e inmediatamente entre en crisis
“Caliche”. Así definimos en las redacciones una noticia que, por su naturaleza, no causa sorpresa. Y Caliche es que un equipo venezolano quede campeón e inmediatamente entre en crisis. Ejemplos inmediatos en torneos cortos: Zamora y Deportivo Italia (su dolencia fue tan grave que tuvo que cambiar de nombre). E incluso para los competitivos: Real_Esppor y Táchira. Un poco más de memoria: Unión Atlético Maracaibo, Minervén. Y para los que vivieron la etapa dorada del fútbol venezolano: Marítimo. Las matemáticas indican que no son casos aislados.
Comentábamos con nuestro compañero de Últimas Noticias, Eliézer Pérez, que la cifra es absurda: de 13 equipos que disputaron Copa Libertadores y ya no existen, 11 son venezolanos. No hemos llegado ni a semifinales en ese torneo, pero en este apartado somos campeones. Obsesionado como es con los números, Pérez nos ofrece otros que reflejan la inconsistencia histórica de nuestro balompié. De los 76 equipos que han hecho vida desde 1953, solo sobreviven 22. De esos 76 originales, 25 han jugado torneos de Conmebol y de esos 25, 11 ya no existen.
¿Por qué sucede esto? Sacando el famoso “caso Marítimo”, se trata siempre de lo mismo: estructuras débiles, que dependen económicamente de una sola persona. Ese individuo, de muy buenas intenciones, desconoce la cuantiosa inversión que lleva mantener una nómina y las categorías inferiores. Desconoce, también, la forma en que la FVF maneja los derechos de televisión y, en general, la repartición de cualquier posible ingreso. Desconoce que es necesario contar con un director deportivo, especialistas en mercadeo, nutrición y un largo etcétera que enflaquece la cartera. En la radiografía mental, para el dueño, se trataba de contar con 11 en cancha; cuando se enfrenta a la realidad, concluye que más que un dueño es un mecenas.
Mecenas, por ejemplo, fue Guillermo Valentiner. A quien no le importó perder millones y millones de bolívares. Su sueño fue ver un estadio lleno y la salud le falló. Hoy sí, Caracas cuenta con una afición importante, aunque lo gastado por el “Doctor” ni cerca está de recuperarse. Aún a pesar de la importante cifra de fanáticos que acuden al Olímpico y la ventas de jugadores, Philip -el heredero- ha tenido que apretar el presupuesto para que los números den en azul y no engrosar la lista de los equipos mencionados arriba ¿Alguien lo agradece? Muy pocos, porque el fanático quiere títulos, no sabe de finanzas. Y los competidores siguen endeudándose para complacer a su entorno. Es un círculo vicioso que solo puede romperse con proyectos que, entre otras cosas, no dependan de un individuo, que valoren los objetivos a mediano plazo y, a su vez, con una Liga que valore (económicamente y legalmente) la competitividad. Hoy, con estos 18 equipos y capitales desconocidos, lo de Lara seguirá siendo una tendencia, un caliche más.