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A los Tiburones solo les queda la samba y el lamento


Con la temprana eliminación en la 2018-2019, La Guaira llegará a 33 años sin conocer un título en la LVBP

WILLIAMS BRITO | CARACAS.- Los Tiburones de La Guaira nuevamente se quedaron con la mano en la barbilla en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Han pasado casi 33 años desde que levantaron su última corona y en ese lapso acumulan registros para el olvido. Su eliminación en la temporada 2018-2019, al igual que el año pasado, fue con el mejor mánager posible pero con una estructura débil que necesita una renovación absoluta. La franquicia que fue un modelo a seguir hasta los años 80, ahora solo se ufana de tener “a la fanaticada más alegre”, algo que lógicamente es discutible.

Ni siquiera Ozzie Guillén, que en 2005 llevó a los Medias Blancas de Chicago al título de las Grandes Ligas para acabar con una sequía de 88 años, pudo encaminar esta vez a La Guaira. Guillén, tiburón por los cuatro costados quien vivió como infielder la última época gloriosa de los escualos con los cetros de 1983, 1985 y 1986, termina esta campaña con amargura.

La Guaira cayó en barrena en la 2018-2019 con siete derrotas seguidas desde el 21 de diciembre al 28 de diciembre y eso fue suficiente para bajar del tercer al séptimo lugar. Más allá de tener el peor average colectivo (.266), la producción más anémica de jonrones (15, solo Delmon Young del Magallanes disparó 19), así como la segunda efectividad más escandalosa del torneo (4.19), todos los dedos apuntan a la actual directiva, que desde que adquirió al equipo en 2004 no ha sido eficiente para revivir los laureles que alcanzó la histórica divisa en las décadas de los 60, 70 y 80.

La época gloriosa

El patriarca Pedro Padrón Panza aún se mantiene como figura principal en las páginas de La Guaira. El empresario, que adquirió al equipo junto con otros colegas varguenses al inicio de los 60, edificó las bases para obtener frutos rápidamente. Los Tiburones debutaron en la LVBP en la campaña 1962-1963 y desde el torneo 1964-1965 jugaron siete de las ocho finales siguientes, para ganar cuatro de los siete títulos que tienen en sus vitrinas (1964-1965, 1965-1966, 1968-1969 y 1970-1971) .

En la década de los 80, Padrón Panza reunió a un grupo de talentosos y aguerridos peloteros para meterse en cuatro series por el campeonato, de las cuales ganó la 1982-1983, 1984-1985 y 1985-1986. Desde entonces apenas los Tiburones han aparecido en dos finales (la de 1987 con el famoso no hit de Urbano Lugo para completar la barrida de los Leones del Caracas, y la de 2012 que perdieron con los Tigres de Aragua).

En los años 90 se decía que la suerte de La Guaira estaba atada a la salud de Padrón Panza. El hombre, que junto con Jesús Guillermo Gómez, José Antonio Casanova y Héctor Hoffman se hizo cargo del antiguo Pampero en 1962, convirtió a los Tiburones en uno de los equipos modelo del Caribe. Iniciando los 60 sumó en sus filas a los zulianos Luis Aparicio y Ángel Bravo, estableció contactos con las organizaciones de Estados Unidos y viajaba continuamente para adquirir conocimiento y asegurar una importación de lujo. Además  acondicionó el clubhouse de los salados al nivel de un equipo de las ligas mayores. El empresario modernizó a la pelota venezolana.

Padrón Panza trajo a grandes peloteros a La Guaira: Al Bumbry, Lou Piniella, Dusty Baker, Luis Tiant, Marcelino López, Bruce Bochy, Clarence Gaston, Clint Hurdle, Darryl Strawberry, Chad Curtis, Andruw Jones fueron apenas algunos. Además fue hábil para reunir a destacadas generaciones de criollos por más de 30 años. Entre ellos destacaron: Oswaldo Blanco, Enzo Hernández, Luis Lunar, Juan Francisco Monasterio, Norman Carrasco, Luis Salazar, Argenis Salazar, Oswaldo Guillén, Carlos “Café” Martínez, Raúl Pérez Tovar, Alfredo Pedrique, Luis Mercedes Sánchez. De hecho, una de sus últimas firmas a finales de los 90 fue la de un “jovencito” de 16 años, Francisco Rodríguez.

Oswaldo Guillén y Luis Salazar

 

 

La salud de Padrón Panza mermó y el equipo perdió peso en la LVBP. Antes de fallecer en abril de 1999, preparó a su hijo menor Pedro Padrón Bríñez para tomar las riendas del equipo. El joven de 28 años apenas pudo estar al frente un par de meses al mando en aquella infortunada temporada, pues perdió la vida junto a su hijo y su madre Nelly Bríñez de Padrón en la tragedia del estado Vargas. Para la zafra 2004-2005, los Tiburones ya tenían nuevos dueños: fueron adquiridos por el grupo liderado por Francisco Arocha y Antonio José Herrera.

Sin encontrar el norte

En la campaña 2004-2005 los escualos, bajo el mando de Jesús Alfaro, establecieron una marca negativa para la liga al perder 15 juegos de forma consecutiva. Fue un récord adverso para una directiva que debutó con grandes expectativas, pero que en casi tres lustros no ha sido eficiente para ganar en uno de los circuitos más difíciles del Caribe.

Desde entonces La Guaira se ha movido en la centrífuga de la LVBP sin un plan definido. Ha firmado a muchos mánagers (entre los que se cuentan Jesús Alfaro, Anthony Shines, Julio Viñas, Carlos Subero, Flores Bolívar, Phil Regan, Marcos Davalillo, Ozzie Guillén, Joey Cora, Buddy Bailey, Luis Salazar, Tony Di Francesco) pero no ha cuajado un proceso, a diferencia de sus rivales.

Un tuit a inicios de temporada de Guillén (@OzzieGuillen), un guairista genuino que ha dirigido al conjunto en las recientes tres campañas, puede explicar la desesperación en el seno de la divisa: “Le pido a dios que me guíe hacer algo bueno con los tiburones de la guaira para no seguir detrás de esto solo un campeonato lo haría si pasara mas nunca vistiera el uniforme” (sic).

Mientras los Tiburones han naufragado desde 1987, otros equipos han logrado levantar el máximo trofeo con gestiones basadas en la creación de granjas, desarrollo de peloteros venezolanos y cambios efectivos de jugadores. Los fanáticos guairistas han visto cada enero los triunfos de los rivales que dominaban hace tres décadas:

Magallanes —que tenía seis gallardetes hasta 1979 antes de sucumbir al dominio de Leones y Tiburones en la LVBP– terminó una sequía de 15 años al llevarse el campeonato 1993-1994, luego vino una generación que ganó los cetros en la 1995-1996 y 1996-1997, otra para dominar la 2001-2002, mientras que otro grupo vino para llevarse la 2012-2013 y 2013-2014.

Leones del Caracas venció en la final 1986-1987 a Tiburones para conquistar su 15° trofeo y luego dominó las zafras 1987-1988, 1989-1990, 1994-1995, 2005-2006, y 2009-2010.

Cardenales de Lara, que armó buenos equipos en décadas pasadas, alcanzó su primera corona en la 1990-1991 y agregó otras tres en 1997-1998, 1998-1999 y 2000-2001.

Tigres de Aragua, que solo lucía los campeonatos de 1972, 1975 y 1976, quebró en la 2003-2004 una seguidilla de 28 años sin ganar un título. Con una generación bien desarrollada se llevaron siete trofeos en 13 temporadas (2003-2004, 2004-05, 2006-07, 2007-08, 2008-09, 2011-12, 2015-16).

Águilas del Zulia, campeones en 1984 y 19889, sumó cuatro de sus seis gallardetes (1991-1992, 1992,1993, 1999-2000 y 2016-2017) mientras los escualos eran solo espectadores.

Caribes de Anzoátegui, que debutó en la LVBP en la campaña 1991-1992, se coronó por primera vez en la 2010-2011, luego dominó la 2014-2015 y la 2017-2018. Hoy es un fuerte rival.

El consuelo para los fanáticos guaristas de los últimos tiempos es la samba. Con el sonido del tamborín, el surdo y la pandereta combinados con sus gritos de guerra pueden soportar la sequía más larga de la pelota venezolana. Pero es una alegría que esta oportunidad se apagó antes de finalizar el año.

@willibrito

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