Qué hay detrás de la venta del Caracas

ESTADIO UNIVERSITARIO
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Nuestra pelota está enfrentado la peor crisis económica en casi tres cuartos de siglo de existencia de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional.

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Pese a las recientes declaraciones de Giuseppe Palmisano, presidente de la LVBP, en torno a que se está planificando iniciar la temporada 2020-21 a partir del 15 de noviembre con calendario de 42 juegos, la incertidumbre es total. Por primera vez desde 1946 es probable que no se cante la voz de playball para inaugurar el campeonato

En la LVBP no tienen idea de cómo obtendrán fondos para celebrar el venidero campeonato debido a que, frente al panorama dictado por la variable de pandemia Covid-19, no hay garantías  de patrocinio para los ocho  clubes, de parte la empresa privada o del sector gubernamental, y sin plata ni el beisbol ni ningún otro negocio pueden marchar 

Leones, Tiburones y Bravos en el mercado

Como ha sucedido a lo largo de la historia de la LVBP, cada vez que en el país se acentúan los problemas económicos, algunos propietarios de clubes se apartan del negocio.

En esta oportunidad se ventila que las franquicias Caracas, La Guaira y Margarita están destinadas a cambiar de manos a corto plazo

En el caso de los Leones el rumor de venta dejó de ser noticia, es una bola que viene corriendo desde septiembre, casi dos meses antes de que comenzara la campaña 2019-20. No es de finales de enero, como publicamos aquí por primera vez, o de diciembre, como se ventila en redes sociales. Pero tampoco es un chiste.

La crisis le pega al  club más ganador en la historia del circuito, el que cuenta con el mayor músculo financiero, pero que no obtiene un título desde hace once campañas. El Caracas, tal y como sus otros siete rivales, cerró  en rojo sus libros contables durante el último torneo.

En los pasillos de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional y en las oficinas de los ocho clubes se sabe que el propietario de los Leones no está a gusto con los resultados de las últimas campañas y quiere retirarse del negocio de la pelota.

Ricardo Cisneros pidió a sus asesores que gestionen la venta del club que la Corporación Cisneros adquirió por $8 millones hace 19 años, en abril de 2001.

De septiembre de 2019 a finales de abril de 2020 han transcurrido siete meses de muchos ajustes en la economía venezolana. Es por eso que aquel “globo de ensayo” de un monto negociable a partir de la suma de $40 millones está muy por debajo de la realidad.

Bob Abreu confirmó  recientemente que forma parte del grupo de inversionistas interesados en adquirir el club melenudo. Desde luego que espera negociar por un monto inferior a la suma negociable planteada originalmente.

Supimos que, recientemente, por intermedio de Alex González, se hizo una contraoferta en la ciudad de Miami, lo que indica que el ex torpedero también debe formar parte del grupo de potenciales compradores en el que también figurarían  los ex lanzadores  Ugueth Urbina y Carlos Silva.

Desde principios de año también se ventila que una institución financiera y empresarios que desde el año pasado incursionaron en la denominada Liga Independiente de Beisbol, también han mostrado interés por la franquicia caraquista.

En el caso de los Tiburones se conoce que el abogado Antonio José Herrera ha tenido conversaciones con el empresario Jorge Hernández, propietario del club de baloncesto Guaros  de Lara, quien estaría dispuesto a llevarse al club de manera permanente al nuevo estadio que construyó la gobernación del estadio La Guaira en Macuto.

Con respecto a la negociación de Bravos solo se ha dicho que su propietario, el empresario Tobías Carrero Nácar, lo puso en venta porque la afición insular no le ha dado el respaldo que esperaba y porque ha fijado residencia fuera del país.

Cero información oficial

A lo largo de la historia de la LVBP, cada  vez que una franquicia cambia de manos, las negociaciones se mantienen en secreto. No se ventila nada en los medios de comunicación hasta tanto las partes involucradas en el negocio no sellan un compromiso de compra-venta.

Así ocurrió al finalizar la campaña 1951-52, cuando el ingeniero Martín Tovar Lange vendió el club Caracas a los publicistas Pablo Morales y Oscar Prieto. En apenas una semana se pusieron de acuerdo ambas partes, pero no se supo nada hasta que el periodista Felo Giménez dio el tubazo en El Nacional el sábado 9 de agosto de 1952: “El Caracas fue vendido a Pablo Morales  Bs. 75 mil”.

Aquella  venta del Caracas de hace casi 68 años se produjo en medio de la primera crisis económica de la LVBP, cuando la empresa Cervecería Caracas le retiró el patrocinio a los cuatro clubes que entonces existían en la capital. Inmediatamente después se produjo la negociación del equipo Vargas, cuando Jesús Corao  le compró a Víctor Trujillo.

Cambió por completo el panorama de costos. Los equipos se vieron obligados a cancelar un alto canon de arrendamiento del nuevo estadio de la Ciudad Universitaria y a esforzarse por conseguir nuevos patrocinantes.

Afortunadamente  con el crecimiento del negocio de  la radio y la llegada de la moderna televisión, lograron sobrevivir, pese a las amenazas del propio Corao de fundar otro circuito, que se conoció como Liga Nacional.

La recuperación comenzó a notarse cuando se integró la provincia al negocio por primera vez con el experimento del  torneo rotatorio en Caracas y Maracaibo, en la temporada 1953-54, y con el ingreso de los Industriales de Valencia, por Santa Marta, en la edición 55-56.

Cuando los Tiburones de La Guaira reemplazaron al Pampero a partir de la temporada 1962-63 y tras el cierre de la Liga Occidental contrataron a Luis Aparicio como su principal figura, la LVBP inicia una nueva etapa con enormes matices de crecimiento que se aprecian casi inmediatamente después por el regreso del Magallanes a la ciudad de Caracas, en 1964, y la primera expansión en la campaña 1965-66, que suma dos nuevas franquicias: en Barquisimeto (Cardenales) y Maracay (Tigres).

La ciudad de Maracaibo cuenta con su primer equipo a partir de la contienda 1969-70, cuando las Águilas del Zulia reemplazan a los Llaneros de Acarigua (el viejo Luis Rodolfo Machado le compró a Jesús Morales Valarino por 450 mil bolívares), al tiempo que Magallanes se traslada a Valencia esa misma campaña (le compraron al “Catire” Istúriz por medio millón de bolívares).

A principios de los noventa se produce la segunda y última expansión. Para el certamen 1991-92 se integran las franquicias de Caribes en Puerto La Cruz y Petroleros en Cabimas.

Entre las décadas de 1960 y 1990, el beisbol profesional venezolano es sinónimo de prosperidad.

Se celebran ocho ediciones de la Serie del Caribe que resultan exitosas: cinco en Caracas, dos en Puerto la Cruz y una en Maracaibo, al tiempo que varios clubes de Grandes Ligas celebran series de exhibición en el país en los años  1967 (Mellizos-Atléticos), 1971 (Medias Blancas-Yanquis), 1972 (Piratas-Rojos), 2000 (Bravos-Mantarrayas) y 2001 (Indios-Astros).

Las últimas ventas

En abril de 2002, poco antes que se anunciara oficialmente que los sucesores de Morales  y Prieto negociaron el club Leones a una filial de la Organización Cisneros por 8 millones de dólares, se conoció que Empresas Polar elevó a 10 millones de dólares la oferta por el conjunto capitalino. Pero no se pudo hacer nada, ya el documento de compra-venta estaba notariado.

Igual sucedió en 2004, cuando los sucesores de Pedro Padrón Panza y Nelly Briñez aceptaron vender los Tiburones de la Guaira al grupo de accionistas del Hotel Tamanaco que encabezaban Antonio José Herrera y Francisco Arocha. Nunca confirmaron el monto por el que negociaron. Armando Arratia deslizó una vez que pretendían $7 millones, pero se dice que el cheque que entregaron los compradores no superó los  $4 millones.

Del acuerdo al que llegaron Carrero y la familia Finol antes de Bravos de Margarita comenzar la campaña 2007-08 en sustitución de Pastora de los Llanos, no se tienen mayores detalles en cuanto a suma de dinero. Solo que los  Finol conservaron un porcentaje de las acciones y Tobías Carrero quedó como accionista mayoritario.

En estos tres últimos casos, como ahora, no hay anuncio oficial hasta que no está “amarrado” en un compromiso inicial de compra-venta.

Es por eso que si se consulta a los más altos ejecutivos de los clubes responden que no tienen conocimiento que el equipo está en el mercado, que no han ocurrido las reuniones de las que se habla en diversos medios. De allí que la estrategia de Cisneros, de vociferar en algunos lugares de haber colocado al Caracas en venta por 40 millones de dólares, tuvo la intención de pulsar el mercado.

 Y Abreu, presionado porque se supo que es uno de los posibles compradores, tuvo que reconocerlo públicamente. Nadie dice estar interesado en comprar algo si no está en venta. Por supuesto que en este nuevo escenario de pandemia Covid-19, sazonada con la larga cuarentena, las aspiraciones del dueño de los Leones no serán las mismas.

Ojalá que el grupo de ex peloteros que encabeza Abreu satisfaga las aspiraciones de  Cisneros a las puertas del mes de mayo de 2020, para que puedan  rescatar la tradición ganadora de los Leones y animen a los bigleaguers criollos de todos los equipos, que quieren venir a jugar a Venezuela, como parte de la preparación de la selección nacional para el Clásico Mundial de 2021, se conviertan en un efecto de mercadeo.

Sería un gran atractivo para que los ocho clubes, en estos tiempos de severos aprietos económicos, consigan el respaldo público y privado, es decir, el patrocinio necesario para montar la 76° temporada en la historia de la LVBP.

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