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Con Carlos Moreno en la memoria


CRISTOBAL GUERRA.- Saliendo de un ascensor de un hotel de Río de Janeiro, Oswaldo Hurtado, por entonces figura de la selección chilena, nos dijo: “Hombre, qué bien Venezuela”. Acababa de terminar la primera ronda de la Copa América en Brasil, año 1989, y Venezuela, aun eliminada, había dejado ese grato sabor de las cosas cuando estas prometen. Fue un empate ante Perú y cuatro derrotas en Salvador de Bahía, pero al fin, y por vez primera, la Vinotinto había mostrado sus avances con juego ordenado y con cariño por la estética, preceptos defendidos con ardor y llevados al equipo nacional por Carlos Moreno, por entonces director técnico. Ya había conducido al Táchira a vencer en la Copa Libertadores de 1987 al Independiente de Avellaneda, en aquella época campeón mundial de clubes, un hecho singular que había despertado la admiración del país y que lo llevaron a dirigir al seleccionado venezolano…

Carlos, tipo serio que no gustaba de hacer concesiones ni en el trabajo futbolístico ni en la vida misma, anduvo por los senderos del fútbol venezolano bajo esa premisa. Llegó a Venezuela en los años 70 desde Buenos Aires (ese barrio Pompeia de las partidas en la calle, Carlos), donde jugaba con el Huracán, a reforzar a aquel Portuguesa cinco veces campeón nacional, y desde entonces compartió sus afectos con Argentina y Venezuela. “La estrella del ganador”, titulamos en el diario “El Nacional” una entrevista cuando la victoria sobre Independiente, y esa fue su ruta en las canchas nacionales: Táchira, Nacional, Anzoátegui, Mineros de Guayana, Caracas, Lara, Zulia, cuántos equipos en los que Moreno impuso su fe en el jugar lindo y a la vez en ser contundentes. Así llegó a la cima de tres títulos, y así lo conoció y respetó la gente…

Cuántas cosas compartidas con ese amigo entrañable, cuántas cosas. Desde la trinchera de Venevisión transmitimos junto a Manolo Dávila siete mundiales, y son incontables las aventuras vividas en las canchas de Venezuela y América del Sur. Cierta vez le preguntamos a un joven entrenador por Carlos Moreno, y nos dijo que no sabía quién en era. Le respondimos: “Si no sabes quién es Carlos Moreno, entonces no conoces la historia del fútbol venezolano”. Carlos se ha ido de viaje, con su seriedad y sus conocimientos, con sus victorias y su legado a un fútbol que seguramente hoy necesita de hombres como él, y en el que deja dos hijos futbolistas. Y con la hermosa canción de Alberto Cortez, y con todo este dolor, lo llevaremos por siempre impreso en la memoria: “Cuando un amigo se va/queda un espacio vacío/que no lo puede llenar/la llegada de otro amigo”. Carlos, nos vemos por ahí.

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