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La vida de los otros


CRISTÓBAL GUERRA|CARACAS.- La vocación por los perdedores tan presente en los sentimientos de quien ahora escribe, ha sido el origen de esta columna. En la película alemana “la vida de los otros”, un espía de la Stasi, temida policía política de Alemania Democrática, descubre, luego de seguir en secreto la vida de un intelectual del teatro y su esposa, nuevas verdades en los sospechosos y termina por engañar a sus superiores con los informes para proteger a quienes debía denunciar.

Así nos sucede con el Huelva, Rayo Vallecano y Valladolid en España, Chievo Verona, Frosinone y Émpoli en Italia, Hudeersfield, Fulham y Cardiff en Inglaterra, Guingamp, Caen y Dijon en Francia, con Hannover, Nuremberg y Sttutgart en Alemania. Y en Venezuela, Llaneros, Anzoátegui y Trujillanos, todos integrantes de una cofradía de equipos condenados a las llamas infernales de la segunda división. De estos equipos solo se habla cuando enfrentan a los colosos de cada liga, y sus partidos con otros clubes son casi ignorados por los medios y la gente. Por eso sentimos una satisfacción expresada en una sonrisa las raras veces cuando le “echan una vaina” a los gigantes. Sí, son ellos los actores de la vida de los otros, la vida de los indeseables necesarios…

Los citados no son invitados a los grandes festejos. Sus tarjetas de ingresos nunca llegan, y por ahora nunca llegarán porque como no son ellos los vinculados al dinero de la televisión, de la arrogante publicidad, de los millonarios consorcios internacionales, de los negocios y los negociados, sus arcas siempre están medio vacías. Todo esto es un dragón que se muerde la cola, una cosa que trae la otra: si no hay contratos no hay plata, si no hay plata no hay posibilidades de llevar a jugadores que puedan cambiar el estado de cosas. Así vamos por el mundo, los grandes seguirán siendo grandes, los pequeños seguirán siendo los pequeños: ¿quién se atreve a romper las cadenas?…

El domingo pasado se dio en Cali el hecho curioso de poner, frente a frente, mirada a mirada, a dos jugadores venezolanos. El episodio no despertaría especial extrañeza porque total, futbolistas por aquí nacidos no son ya una rareza en el fútbol colombiano. Lo que sí llama la atención en este asunto es ver cómo, FernandoColoraoAristeguieta, goleador del América de Cali, daba la vida, aunque sin conseguirlo, por reventar el arco de Wuilker Faríñez, celoso cuidador de la puerta del Millonarios en la igualada 1-1. Fue un desafío emocionante, vivaz, que terminó con el abrazo entre dos compatriotas de alto valor, imprescindibles en la Vinotinto en la Copa América de Brasil y esperanzas de un país que anhela un fútbol mejor. Nos vemos por ahí.

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