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Dos expresiones de grandeza


GERARDO BLANCO | LIMA.- Yulimar Rojas y Antonio Díaz son expresiones genuinas de las distintas formas de lo más auténtico de la venezolanidad. Dicharachera, extrovertida, irreverente en cada vuelo  y celebración, la nueva reina del salto triple es un retrato en blanco y negro de la Venezuela profunda; una de tantos ejemplos de superación de una joven salida de la comunidad de Guanta, en Barcelona, que a través de las políticas deportivas de captación de talento y masificación del Estado tuvo la posibilidad de desarrollar su talento hasta convertirse en la máxima figura del salto triple mundial. Antonio es otro modelo de venezolano ejemplar. Formado desde niño por sus padres en el mundo de las artes marciales, el doble campeón del mundo y bicampeón en Juegos Panamericanos del kata es el yerno que todo padre quiere para su hija. Buen tipo, un hombre correcto en todas las facetas de su vida, Antonio convirtió al kata en un arte superior en nuestro país y lo proyecto a todo el planeta como un Mozart del tatami.

Esas dos Venezuelas se citaron el viernes en los Juegos Panamericanos para exhibir en la pista de atletismo y en el gimnasio de karate lo mejor del deporte nacional. Quiso el azar de los sorteos que ambas competencias coincidieran en la misma fecha. Cruzamos media Lima para llegar al combate de Antonio y verlo demostrar todo lo que Venezuela contiene en sus movimientos de sumo pontífice del kata: trabajo duro durante años para repetir los movimientos a la perfección, concentración absoluta para no cometer ni un solo error en sus ejecuciones, y una garra competitiva inagotable que después de 16 años le permitió repetir el oro que en 2013 había ganado en Santo Domingo antes de que esta modalidad fuera borrada del calendario de los Juegos hasta su reaparición en Lima.

Y después de disfrutar y sentirnos orgullosos hasta los tuétanos de un atleta que ejemplifica las virtudes más valiosas de un país, volamos a la pista de atletismo para dejarnos seducir por la alegría contagiosa, el dinamismo y la bondad de Yulimar Rojas, que en cada salto señala lo lejos que puede llegar Venezuela si sigue el camino trazado por la pantera de Guanta. Rompió el récord de los Juegos Panamericanos con su salto de 15,11 metros y ratificó que en este momento no hay una atleta más dominante en el triple vuelo que ella. Yulimar y Antonio son la la cara y el revés de una misma moneda que vale oro no solo por sus triunfos sino por el mensaje de grandeza de lo debe ser siempre Venezuela.

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