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48… ¿Voló la esperanza?


CRISTÓBAL GUERRA|CARACAS.- El gesto del presidente Gianni Infantino y los de los sponsors de la Fifa lo dijeron todo. “No habrá Mundial con cuarenta y ocho selecciones. Continuaremos con treinta y dos”. Había rostros de desaliento porque el negocio tendría que ser replanteado, diferente al que por meses había sido marcado en las computadoras de los empresarios. En ese momento quedaba en clara evidencia que la Copa del Mundo se debate entre dos concepciones: el fútbol como competencia sana, como mirada a la supremacía de unos sobre otros y la sobrevivencia de los menos favorecidos por la gracia del juego, o el fútbol como empresa global, como el supremo negocio de las transnacionales que ven en el Mundial una posibilidad dorada para seguir ganando terreno en las canchas de la inversión.

Las limitaciones de Catar como país dueño del Mundial 2022, su pequeñez territorial y sus relaciones en entredicho con los países árabes que lo circundan, evitó que algunos partidos mundialistas fueran como alivio a otros estados. Y tal circunstancia “mató” la propuesta, malintencionada o no, de cuarenta y ocho. Entonces, no es que el deporte pudo más que las agallas de los inversionistas, sino que el haberle dado el torneo a los que habían “comprado” el Mundial fue la enorme piedra en el camino que evitó que el fútbol siguiera la escalada para continuar siendo el bulevard de refrescos, venta de boletos, tarjetas de crédito y exhibiciones estrambóticas de marcas de costosos automóviles…

Pero, demos un salto y hablemos de las conveniencias. ¿A quiénes favorecía un Mundial con semejante población de cuarenta y ocho equipos? Obviamente que los gigantes del fútbol veían esta decisión de la Fifa con indiferencia; total, les daba lo mismo unos y otros porque ellos siempre van a clasificar y, en consecuencia, ganarlo todo. Los que esperaban para intentar burlar la posición adelantada de sus desfavorables circunstancias eran los outsiders, los que siempre han vivido en el lado allá de las clasificaciones y que aguardaban buenas noticias: Venezuela entre ellos. Pero no pudo ser, todo ha de seguir igual, y ahora, como lo marca la historia, habrá que remar río arriba, contra la corriente del embravecido caudal, para bregar en Suramérica y procurar una gloria que sigue evadiendo las buenas intenciones y el fútbol que se niega a morir. Nos vemos por ahí.

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