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Balón o bicicleta: ¿cuál?


CRISTÓBAL GUERRA|CARACAS.- Lionel Messi frustra a los defensas que le salen al paso, y Richard Carapaz deja en las nubes a aquellos que pretenden seguir el ritmo endemoniado de su bicicleta de fuego. El argentino se enfila a ganar su sexto Balón de Oro como el mejor jugador de Europa, el ecuatoriano sube al podio en Verona como exultante vencedor en el Giro de Italia. América Latina está atenta a las actuaciones y los galardones que ambos merecen, pero eso no es todo. Por ahí, por los callejones, en el mapa de las intrigas algunos pretenden establecer diferencias, decir que uno es mejor que el otro por la simple razón de que un deporte es más completo, más exigente y más rocoso que el otro. Bueno, habrá que ver, habrá que argumentar, habrá que convencer a unos y otros que ninguno de los dos es el mejor, ni los atletas ni el deporte, y que cada uno es cada cual…

El fútbol, por su naturaleza, exige fondo físico, aguante, pero no está lejos de la belleza, de tener de alguna manera jugadores balletistas o balletistas que juegan con el balón. El ciclismo es otra cosa, otra dimensión del quehacer humano. En la bicicleta hay ardor y entrega hasta la extenuación, y una capacidad para el sacrificio nunca vista en ningún otro deporte. En el fútbol cuentas con los compañeros, con la pelota que te entregan y completas la jugada; en la bicicleta se libra una lucha de soledades, de lobo estepario. No podría, y ya suavizando la discusión, un futbolista ganar el Giro de Italia, ni un ciclista el Balón de Oro: ninguno es mejor que el otro, porque no hay parámetros para compararlos. Si es inútil establecer diferencias entre jugadores de fútbol de diversas épocas, ¿por qué no lo va a ser poner en la mesa de nuestras preferencias a uno de ellos? El fútbol es el fútbol, y el ciclismo es el ciclismo. Pero tienen una cosa en común, porque a los dos les falta una meta: a Messi ganar el Mundial; a Carapaz el Tour de Francia. Menudas tareas…

Joaos: Hay dos que por estos días levantan vuelo en las canchas de Europa y América. Joao Félix, que desde el medio campo del Benfica provoca las apetencias de Inglaterra, España, Italia y Alemania; y Joao Pedro, quien hace unos días entró en la cancha del Fluminense, y ante el Nacional de Montevideo en pocos minutos reventó las redes con tres goles estupendos. El detalle no solo es que sean una sensación del juego, sino que Félix tiene 19 años de edad y su orden y mesura es todo un bocado, y que Pedro anda en los 17 y alborota a los zagueros rivales por su potencia y su arte. Son parte de esas generaciones emergentes que apartan a los demás porque ellos han llegado, y amenazan con convertir al fútbol en un deporte de muchachos. Nos vemos por ahí.

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