El fútbol es conflicto: ¿quién dijo que no?

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En España, los independentistas catalanes arman lío en el aeropuerto El Prat y en las calles de Barcelona reclamando la secesión de España, y obligan, con la carta de la prudencia como estandarte, a suspender el derbi Barcelona-Real Madrid de fines de octubre para diciembre. En México, los jugadores del Veracruz salieron a la cancha para enfrentar al León y ahí estuvieron cuatro minutos inertes, en franca protesta por sus impagos, pues sus arcas están vacías tras seis meses de inútil espera para cobrar lo que les debe el equipo. Son noticias frescas, de estos días que no solo son sucesos del fútbol, sino que reflejan que los conflictos sociales están íntimamente ligados a toda la complejidad del entramado de la vida humana…

Hasta hace poco tiempo el fútbol, y el deporte todo, estaban a un costado de los hechos sociales y como generador de sus propias pasiones fuera de las cuestiones cotidianas. No obstante, el jugador de hoy ha ido tomando conciencia de su identidad, de su rol como ser humano y de su opresión al ser tomado como moneda de cambio. Por eso ha comenzado a sentir en sus carnes la llama ardiente de lo que pasa en las calles del mundo. Sadio Mané, Jugador del Liverpool, ha llegado al extremo. Al renunciar a los excesos y desmesuras de los famosos, como él mismo lo es, critica indirectamente con sus actitudes y entrega a su país, Senegal, a aquellos que ven en el fútbol la revancha social, el desquite de las viejas privaciones. Al final de la jornada es una postura de hombres serios y firmes: en España, en México y en cuanto lugar se juegue al fútbol. De vez en cuando en Venezuela se han oído voces, aún tímidas, pero voces siempre: ¿será posible, tomando la maneja por la punta del hilo, que suceda algo así como lo que pasa en Veracruz?…

Hay imponderables, como el sucedido en Sinaloa, en la propia nación mexicana, cuando una balacera motivó tumultos y la suspensión de un partido de la segunda división; mas, los casos citados al comienzo han salido desde las conciencias de directivos y jugadores, por estos tiempos mucho más claros en cuanto a la relación del fútbol con la sociedad. En México, los futbolistas del resto de los clubes respondieron a coro su solidaridad y no tuvieron miedo escénico para arrimarse al lado del clamor veracruzano, porque mirándose en esos espejos no sabían cuándo les podía pasar a ellos. Nadie está a salvo; se está hoy aquí, mañana más allá. Al final de toda historia, en el capítulo final, “la vida es lo único que tenemos”, como le oímos decir cierta vez a un poeta popular. Nos vemos por ahí.

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