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El lateral izquierdo de la Vinotinto


GERARDO BLANCO | CARACAS.- La decisión de Rafael Dudamel de convocar a Bernardo Añor para los venideros partidos de preparación de la Vinotinto contra Japón e Irán es un acierto. No pocas veces el técnico ha sido cuestionado por incluir en la lista a efectivos que pasan horas bajas o ni siquiera figuran en los planes de sus equipos, pero esta vez hizo lo que correspondía. El puesto de lateral izquierdo ha sido un incordio para los entrenadores de la selección. Desde los días del Miguel “Pochito” Echenausi, la Vinotinto no ha contado con un lateral izquierdo puro, de raza, con el ida y vuelta necesario para cabalgar por esa explanada, salir jugando, profundizar, tirar centros y hasta marcar goles.

Aquella imagen de Echenausi comiéndose la cancha del estadio Atahualpa de Quito, luchando contra la hipoxia por jugar a 2.782 metros sobre el nivel del mar, contra el agotamiento de las piernas y las ideas para anotar al minuto 89, ¡nada menos!, el tanto del empate a tres contra Estados Unidos en la Copa América de Ecuador 1993, quedó sembrada en el imaginario futbolístico del país como el prototipo del lateral izquierdo. Después de Echenausi, la selección tuvo otros laterales con pulmones como Elvis Martínez y una depurada técnica para tocar como el zurdo Jorge Rojas, que fue reconvertido por Richard Páez de volante creativo a lateral ante la ausencia de un jugador de sus características para ocupar la demarcación.

Bajo el ciclo de César Farías en la selección, Gabriel Cichero tuvo una actuación destacada en la Copa América de Argentina 2011, en la que marcó el recordado gol para vencer 2-1 a Chile, pero luego su rendimiento decayó progresivamente y el puesto se convirtió en el más discutido de la Vinotinto.  La incorporación de Rolf Feltscher en la eliminatoria hacia Rusia 2018, y en el reciente amistoso contra Colombia, que hizo fiesta por esa banda, no fue solución para el problema defensivo. El voluntarismo de Feltscher y su sacrificio para jugar con el perfil cambiado en un puesto que le resulta ajeno era un invento que salió mal. Porque se complicaba en la salida, perdía la pelota y cuando le tocaba profundizar pocas veces templaba un centro digno para producir riesgo en el área rival.

Añor, en cambio, es el mejor lateral izquierdo del país. Sabe con la pelota, puede llegar hasta el fondo de la cancha, desequilibrar con el balón atado al botín mediante su juego asociado y es una alternativa para los cobros de pelota detenida. Falta probar si puede ir y venir en el escenario internacional, donde tendrá más obligaciones defensivas y rivales de jerarquía. Su llamado dejó al Caracas sin uno de los jugadores más decisivos del torneo Clausura, junto a Robert Hernández. Los rojos lo extrañaron el domingo ante Lara. Ante Japón e Irán tendrá que demostrar que su llamado no fue en vano.

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