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El rompecabezas que hay que armar


CRISTOBAL GUERRA | La primavera de Europa ha sido benévola este año, y temperaturas que van de 20 a 24 grados centígrados en el día tienen entusiasmada a la gente. Así es aquí en Alemania, donde pasear por las veredas de los bosques y andar en bicicletas es un placer de fin de semana.

Y ese ha sido el clima complaciente que ha conseguido la selección venezolana en sus dos partidos en España, tiempo de reflexionar sobre el porvenir de una era hacia la que Rafael Dudamel apunta con fe de creyente.

El técnico Vinotinto no habla de “reconstrucción”, no es su palabra favorita; prefiere “rompecabezas”, y tal definición para hablar de la formación definitiva del seleccionado es, en el fondo, un elogio para los jugadores: todos están de pasada, pero todos se sienten seguros. Sin embargo, las cosas tiene una medida y probar con muchos puede ser no tener a algunos de ellos: cada cosa debe tener su exacta medida. Las piezas tendrán que encajar, una con la otra, como si de verdad se tratara de un pasatiempo a veces difícil de armar.

El fútbol no es un milagro, sino una consecuencia. Una correspondencia.  Un trabajo. Una lógica. Siempre gana el mejor o el que mejor juega… o casi siempre. Hay una verdad irrefutable: el bagaje de la escuadra venezolana no llega a la de la mayoría de los países de la región, sus adversarios de siempre. En el fútbol, como en toda actividad humana hay escalafones y no son del mismo talante, pongamos por caso y aun reconociendo lo buenos que son, Josep Martínez-Salomón Rondón frente los uruguayos Luis Suárez-Edison Cavani en la región de ataque, ni tampoco Wilker Ángel-Yordan Osorio en la zona central de la zaga frente a Thiago Silva-Marquinhos, de Brasil. Pero, en el fútbol las cosas no siempre se han de medir así, porque hay imponderables, asuntos no previstos que pueden cambiar el destino de los partidos.

Hoy hay dudas y sospechas crecientes acerca de  los jugadores de más renombre: si juegan pensando con sus selecciones en su país o si lo hacen mirando de reojo hacia sus clubes y los contratos siderales que les esperan. Si fuera solamente por los nombres, entonces ¿para qué jugar?

Así las cosas, el universo de Rafael Dudamel entra en la cancha y se juega lo que hay que jugarse. Cuántas cosas dependerán de su consecuencia, de su correspondencia, de su trabajo, de su lógica, de las convicciones que pueda inculcar en sus hombres a la hora del combate. De cómo hará para, válganos, armar su “rompecabezas”.

 

Comienzos con dudas

Los tiempos de los últimos directores técnicos Vinotinto han comenzado con un lugar común: derrotas. A Richard Páez, César Farías y Noel Sanvicente les ha costado alcanzar sus primeras victorias, y con Rafael Dudamel la función ha sido la misma. Pero todos han enderezado el camino (excepto Sanvicente), especialmente el segundo nombrado con su gesta en la Copa América de 2011, en Argentina, cuando tuvo las agallas para llegar hasta las semifinales. Además, ha sido el único conductor venezolano en vencer a los argentinos en un partido oficial jugado en Puerto La Cruz, y a Brasil en un amistoso en Foxboro, Massachusetts.   

 

En

Tips

 

Colombia

Fallas de los zagueros centrales y poca vocación de ataque propiciaron la caída. El equipo no tuvo aliento para aguantar la ventaja del primer tiempo.

Panamá

Con más de juego de conjunto y ante un rival de menos valoración, la Vinotinto creció. El mediocampo fue una fuerza que sobró a la canaleños.

Vasco

No obstante los elogios del técnico, los defensores del centro volvieron a ceder. La crítica española los definió como débiles: tomaron cuatro goles.

Emiratos

Hubo compaginación de la zona de creación y el ataque, fluidez de propuesta, y la selección mejoró para darle aliento al director técnico.    

 

@camisetadiez

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