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Farol deportivo


Liga Profesional Baloncesto

LUIS VARGAS | CARACAS.- Días atrás, se cumplió el 45° aniversario de la cristalización del sueño de ese magno dirigente deportivo y colega, Leonardo Rodríguez, la creación de la Liga Especial de Baloncesto, hoy Liga Profesional o LPB. Una apuesta que entregó al país deportivo una de sus más sólidas instituciones, que en todo este tiempo rindió un sin fin de emociones, y generaciones de atletas que escribieron páginas doradas para la historia.

Todo posible gracias al ánimo incombustible y contagioso de “Leo”, y al fuego de otros entusiastas que, junto a él, motorizaron la conformación de un circuito que por décadas, incluso en los momentos más difíciles del país, afianzó su consolidación, regularidad y consistencia, cumpliendo invariablemente con su misión de presentar año tras año un torneo de calidad; superando los desafíos que el entorno presentaba; y creciendo con los errores y desatinos propios de toda obra humana. Al final, el entusiasmo de los pioneros se convirtió con el paso de los años en una marca reconocida nacional e internacionalmente, expresión del baloncesto venezolano.

Pero lo que debió ser una celebración de toda la comunidad de este deporte por la efemérides, pasó bajo de la mesa, dado el marco de incertidumbre y los nubarrones que ensombrecen al baloncesto por estos días. Añorando la mística y determinación de los tiempos primeros, hoy no hay señal clara sobre el próximo torneo, solo especulaciones y ensayos de propuestas que se estrellan contra la realidad país, y la ausencia de un mínimo de sentido de servicio público que alguna vez hubo entre sus dirigentes. LPB, que tradicionalmente calentaba motores en esta época, es un mar de dudas en el que van naufragando las esperanzas que alguna vez Leonardo Rodríguez lanzara al cielo.

Según se entiende, la posición generalizada es que habrá Liga solo si el Estado la financia. La idea en la mesa es repetir el formato de apenas 16 juegos por equipo en la fase eliminatoria, una fórmula conveniente para algunas economías pero no para el deporte. A estas alturas, con una selección clasificada para el Mundial de Baloncesto y el país ubicado en el puesto 20 del ranking FIBA, la situación interna en la que se encuentra nuestro baloncesto más que una paradoja parece un chiste.

Una pena, dada la trascendencia de la LPB y de sus franquicias, del esfuerzo que tantas personas han puesto en el engrandecimiento de esa organización, tan querida y reconocida por “el soberano”, como llamó al pueblo el entrenador puertorriqueño Julio Toro. Hoy la Liga no es más que una cara de la crisis institucional que atraviesa del baloncesto, y que sólo con voluntad política y creatividad, y apartando egos y rencillas, puede resolverse. Mientras, depositamos toda ilusión en ver de nuevo el balón en el aire. Y por todas las alegrías que hemos vivido en estos 45 años, hoy decimos: ¡mil gracias, Leonardo Rodríguez!

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