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Camiseta 10: Fútbol, el mundo se hace pequeño


CRISTÓBAL GUERRA|CARACAS.- Desde hace unos años, cuatro o cinco, flota en el ambiente americano la idea de hacer de las competencias de equipos, copas Libertadores, Suramericana y de Oro de la Concacaf, una sola. De fusionar los esfuerzos y sudores en un encuentro múltiple de naciones, un proyecto de ambiciones faraónicas que involucraría, desde Canadá hasta Argentina, a los mejores 32 clubes de todo el continente. Para esta locura futbolística habría, dotados por empresarios europeos, 500 millones de dólares, nada menos.

Aunque el sueño no ha pasado de la curiosidad diminuta de una maqueta, el asunto no ha sido del todo olvidado: sigue latiendo en el corazón empresarial, vibrando en las mentes de aquellos que sienten el hastío de tener en Suramérica una historia repetida mil y una veces: la rutina de ver siempre ganar los argentinos o los brasileños, y en la zona Concacaf, a los mexicanos. Estas características, unida a la marcha de los grandes jugadores a Europa, le han pegado ganchos al hígado a los torneos de estas comarcas, azotados en la búsqueda de nuevos intereses futbolísticos. Por eso la nueva idea, por eso la búsqueda.

A este proyecto se vincula otro, pero para Europa. Los mejores clubes, apuntalados por el padrinazgo de la Uefa y un dineral en el medio, amasan el deseo de una Superliga Europea en la que jugarían los 16 grandes de aquel continente. Sería una manera de echar en las brumas del olvido la superioridad en sus ya cansadas ligas de Real Madrid, Barcelona, Juventus, París Saint Germain, Bayern Múnich, Manchester City.

Estas seguirían su curso sin el caudal de los famosos, ocupados de pleno en sus nuevos horizontes. No obstante, habría cuidado para no transformar lo establecido: continuaría la Champions League y todo el resto de la estructura europea, pero con la novedad internacional ya comentada.

Todo lo anterior conduce inequívocamente a una conclusión: para el fútbol, en consonancia con los tiempos que se viven, el planeta Tierra se hace pequeño. Con este deporte en crecimiento, con su expansión y sus agallas abiertas, ya no bastan las ligas de cada país; todo el paisaje dominante que han controlado con suficiencia y amplitud los circuitos de la geografía mundial se va modificando, como si el efecto globalización ganase un terreno que motivado por los sentimientos nacionalistas le ha sido tremendamente esquivo, arrebatadoramente ajeno.

Parece que no habrá vuelta atrás: la universalidad está por llegar.

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