La vida comienza a los 30

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Cierta vez, George Foreman, decidido a reaparecer para buscar lo que consideraba suyo, llegó con su séquito a la rueda de prensa para su pelea titular de los pesos pesados con una pancarta que decía: “La vida comienza a los 40”. Entonces el mastodonte, a sus 42 años pretendía cumplir una gesta de trascendencia ante Evander Holyfield, quien finalmente le venció por decisión.

Desde entonces, entre amistades se usa la frase el día de cada cumpleaños: “La vida comienza a los…”. Hoy, 15 de septiembre, habrá que decírsela a Salomón Rondón, quien en la plenitud de su fútbol, en la razón de sus goles, a sus 30 años de edad que cumplirá mañana 16 ha de celebrarlos en China, donde por estos días se alista para mostrar toda la dinamita acumulada en estos años de jugador.

Y en un día como el de hoy habrá que recordar sus raíces. Las echó en el colegio Calasanz de Catia, de ricas remembranzas para tantos caraqueños formados en los padres Escolapios, y más tarde en San Antonio de los Altos, donde despuntó desde las trincheras del Deportivo Gulima.

Ya la semilla había germinado. Y Rondón la ha llevado por el mundo, con su sonrisa plena y acompañado siempre por una sólida formación familiar de valores y seguridad, que le han servido para no ceder ante los contratiempos que en la vida suelen surgir. Y no ha parado. Desde aquellos días duros en Maracay, con el Aragua, hasta las jornadas por venir en la China continental, camina con su reputación en la mochila del fútbol.

Todo en paralelo con la selección Vinotinto, de la que es hombre imprescindible, quizá el más grande artillero nacional de cualquier época. Con el equipo nacional no hay dudas: siempre se sabe, sea el director técnico que sea, que cuenta para el ataque con la camiseta 23, un número que usa como una reverencia hacia el gran Michael Jordan.
Pero en las historia de los seres humanos siempre hay cosas que lamentar. Nunca supimos, y seguramente nunca se sabrá, por qué el atacante no fue llevado por uno de los grandes de Europa. Los venezolanos lo veían salir a la cancha con el uniforme blanco del Real Madrid, el blaugrana del Barcelona, o por la cercanía inglesa
con el rojo del Manchester United o el azul del Manchester City. No pudo ser, o, para mejor decir, no ha podido ser, porque hoy, con el talento intacto y con toda esa temeridad cuando entra al área y rompe a los zagueros adversarios, todavía está a tiempo. ¿No es verdad, Salomón?

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