Nadie quiere un hablador inoportuno

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Mi apreciado Rob…: Soy Kenesaw Mountain Landis, el primer comisionado que hubo en el beisbol, a partir de 1920 y hasta mi muerte, en 1944. Por eso creo puedo aconsejarte, aún cuando sea desde este Más Acá, donde me ha confinado la Ley de la vida.

Rob…: No puedo evitar la risa. Lo ridículo siempre me hace reír. Por un lado luchas por imponer la tecnología en el beisbol, con tus umpires robots y etc. Mientras que por el otro, combates a la tecnología como ayuda para ganar juegos. ¿Crees buenos o malos tales equipos?

Por cierto, tu fracaso con los umpires robots me preocupa, porque no debemos fracasar los comisionados del beisbol. Eso de que de cada cinco sentencias haya una equivocada, ¡el 20%!, es escandaloso. Los umpires de carne, hueso y cerebro humano se equivocan en una de cada 500 jugadas.

Entonces, ¿por qué y para qué complicarle la vida al deporte y al espectáculo? O eres un exhibicionista o tienes problemas síquicos. La verdad, eres tan despistado, que cuando decidiste mandar los robots a la Atlántic Legue, “para probarlos, como experimento”, creíste que iban a ser un éxito galopante, que te llenarías de gloria. Estabas muy equivocado. O sea, lo de costumbre. Tú siempre estás muy equivocado.

Chico…: Y no sigas pensando en el robo de primera base, ni en la base por bolas intencional sin lanzamientos, ni en tantas otras innecesarias. Me da la impresión de que sufres pesadillas, y amancees tratando de aplicarlas a nuestro juego, que sin tí ni tus barbaridades, ha vivido próspero y feliz durante 175 años, desde que se inauguraron las Reglas.

Yo permitiría los buzzer y todos los demás caza señas. Es decir, premio a la creatividad y al trabajo. Te sugiero respetar al beisbol, amigo Rob. Y te deseo lo mejor… Kenesaw.

Oswaldo Guillén trata de demostrar que no sabe quién es él y que ignora sus torpezas. Se dice sorprendido porque ningún equipo lo quiere para mánager. Asegura ignorar los motivos. Pues, se necesita un cerebro muy pequeñito para olvidar cuando en Chicago, siendo mánager de los Medias Blancas, se refirió a los reporteros como “una cuerda de homosexuales”. Y menos es fácil olvidar cuando, siendo mánager de los Marlins, en plena Pequeña Habana de Miami, gritó…: “¡Viva Fidel Castro!”. Su preferencia política está muy bien, y hay que respetársela. Lo malo fue el sitio, y que ocupaba ese importante cargo. Nadie quiere de mánager a un hablador inoportuno y menos a un gritón callejero. Yo tampoco.

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