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Vaya, ¡qué lío con la televisión!


CARACAS.- Si a los troyanos los tomaron en posición adelantada con aquel caballo al que le brotaban de su barriga soldados griegos mientras ellos dormían su borrachera, al hombre de hoy lo sientan en los sofás los programas deportivos de la televisión y lo “asaltan” con los incontables partidos en diversas canchas del mundo entero. Vaya, qué lío con la tele. Y lo decimos por días como el de ayer. A las tres de la tarde los Cardenales de Lara procuraban vencer a los Leñadores de Las Tunas para conseguir así su segunda victoria después de la lograda ante a los Charros de Jalisco, y una hora después, el Barcelona y el Real Madrid trataban de abrirse paso en busca de la anhelada final de la Copa del Rey. Entonces, ¿con cuál nos quedábamos? Entre tres y cuatro pasado el mediodía podríamos seguir dos, tres innings del juego de béisbol, pero ¿qué iba a pasar en las inquietudes deportivas cuando blaugranas y blancos moviera el balón en el centro de la cancha? ¿Nos cambiaríamos de canal o apelaríamos al control, el invento más ingenioso creado por el ser humano?…

Entonces, ¿cómo sería la vida en los tiempos pre-televisión, años 40 y 50? ¿Sería el imperio del hastío o habría otras maneras de pasar el rato? Aquella película de Woody Allen, “Días de radio”, trata de explicarlo: cuando desde los aparatos de galena comenzaron a oírse voces misteriosas, la sociedad vivió una conmoción. Las familias se agruparon, pero no para hacerse la “visita”, sino para oír la nueva maravilla que salía desde un artefacto propio de prestidigitadores. La época que nos ha tocado vivir es un privilegio; poder seguir la Serie del Caribe a la vez que vemos los goles de la Copa del Rey no deja de ser, por cotidiano, una exquisitez. Pero eso no es todo: los canales de cable se esmeran en ofrecernos cualquier tipo de competencias, desde el Mundial de Fútbol hasta los excitantes partidos de la NBA; desde el Europeo de Balonmano hasta las grandes ligas. Y no está lejano el día cuando puedan llevar las cámaras en un cohete interplanetario para ofrecernos el campeonato de Bowling que organizarán en la Luna.

Esta conversación la llevamos porque, distraídos en tantas cosas que el mundo actual ofrece, pocas veces nos detenemos a pensar en el universo de la imagen, en su importancia. Las figuras proyectadas caminan junto a los tiempos, es decir, a lomos del facilismo. Es mucho más sencillo mirar y digerir la imagen que sentarse a pensar a escribir o leer un texto. Pero lo más trascendente es que ambos deben ayudarnos a entender el mundo en el que nos ha tocado vivir. Si no lo consiguen, pues entonces estamos perdidos. Nos vemos por ahí.

CRISTÓBAL GUERRA

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