Mientras Larsen lanzaba lo estaban divorciando

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Don Larsen solía presumir en los clubhouses, ante sus compañeros de equipos, de ser muy atractivo para las damas. En realidad tenía muy buena pinta, siempre muy rasurado, bien peinado, impecablemente vestido y con toque delicado de perfume.             

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A menudo contaba historias de docenas de novias. Si eran ciertas o no esas aventuras, quizá nunca se sabrá. Pero sí es cierto que su matrimonio quedó destrozado a pocos años de haberse celebrado.            

El mismo lunes ocho de aquel octubre, mientras él, entonces en sus 27 años de edad, lograba la mayor hazaña de lanzador alguno en la historia de las Series Mundiales, su esposa Vivian oía ante una Corte de Nueva York, la sentencia de divorcio.            

Entre otras cosas, el juez ordenó que cuanto recibiera Larsen por su participación en la Serie Mundial, fuera entregado a Vivian, como parte de pago de lo mucho que le debía como la pensión.             A Larsen le correspondieron esa vez ocho mil setecientos 14 dólares con 76 centavos.

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