Rebelión en el Centro de Prensa

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A dos días de culminar los Juegos estalló lo que se esperaba desde el inicio de las competencia. El sistema de transporte, lo explicamos en una de nuestra primeras entregas, ha sido uno de los puntos más críticos de esta competencia. Apenas comenzó la competencia, la mayoría de los conductores contratados renunciaron el primer día, porque la empresa peruana Global, responsable de prestar el servicio, había incumplido con sus compromisos. Contrataron nuevos choferes sin la preparación necesaria para realizar con eficiencia y puntualidad el trabajo de movilizar a los medios de un lugar a otro.

Desconocían la ubicación de las instalaciones deportivas. Algunos se perdieron y llevaron a los periodistas a un lugar distinto al señalado en sus rutas. Nada de ello, sin embargo, es excusa para no pagarle por su trabajo. Ayer los conductores se hartaron de que nadie diera la cara por el pago de 3 mil soles que le habían ofrecido por conducir los buses durante los Juegos.

Paralizaron el servicio en la mañana y pusieron a temblar a los organizadores. Reclamaban la presencia de la directiva de Global en el Centro Internacional del Prensa, de donde partes los buses a los diversos escenarios. Los jefes de la empresa respondieron a los reclamos con una llamada por celular, pidiendo que un representante de los conductores fuera hasta a la oficina de Global para atender el reclamo. Pero los trabajadores del volante se plantaron firmes, mantuvieron su protesta hasta que la secretaria general del comité organizador dio su palabra de que presionarían a Global para que pagara. Hubo humo blanco y volvieron a su faena, a la espera de que se concretara la promesa.

Cien metros más allá, un centenar de auxiliares de educación, organizaban otra revuelta por sus salarios a las puertas del Ministerio de Educación de Lima. Desde hace diez años los maestros de educación inicial esperan que el gobierno les otorgue el cargo. Su estabilidad laborar es precaria exigen aumento salarial. El Sindicato de Auxiliares de la Educación repetía la consigna: “¡Por culpa del gobierno, auxiliares en las calles!” Gritaban que con el salario de mil soles ya no les alcanza para vivir en un país, donde la inflación no parece ser un problema. Paro de transporte y rebelión de los educadores. Dos postales de la Lima auténtica, humana y en ebullición, distinta a la que ofrece el oropel de las medallas.

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