No sabemos si existirá una costumbre más enraizada que la de comparar, como se vive en los deportes. Algo debe haber en sus características, en su naturaleza.
El caso del beisbol no puede ser más emblemático. Por ejemplo, que el del siglo XXI en las grandes ligas es distinto al que vimos en el pasado, y ni que decir, el beisbol de finales del XIX, forma parte de nuestro credo. No es mejor ni inferior, es diferente.
Y no se trata de comparar a Babe Ruth con Miguel Cabrera. Se trata de apreciarlos en su justa dimensión, en medio del momento que les tocó vivir. Incluso, que vistos así, podemos disfrutar aún más de sus habilidades.
Esta reflexión que puede pasar como fuera de lugar, la extendemos a cómo los aficionados en las diferentes épocas, nos hemos empapado de lo que ocurre en los escenarios, de maneras radicalmente inimaginables.
Razones que tienen su porqué especialmente en los drásticos y violentos cambios ocurridos en los medios de comunicación, impulsados por el desarrollo tecnológico. Todo esto para hablar de cómo los aficionados sabían de lo que pasaba en las ligas mayores en los años 70.
Un día como hoy, el domingo 23 de agosto en 1970, Roberto Clemente tuvo su segundo juego consecutivo con cinco imparables conectados, un logro que en la actualidad provocaría el mismo asombro como si lo hubiese logrado Cabrera, pero con una diferencia descomunal por decir lo menos. De haber sido Cabrera, nos enteramos mientras lograba su cometido.
De la hazaña de Clemente solo supimos el lunes 24 horas después. En nuestro caso, entretanto repasábamos las páginas deportivas de El Nacional, a la espera de comenzar a trabajar en el departamento de Crédito del Banco Unión. No había transmisiones de radio, y mucho menos de televisión en vivo como en el presente.
Era lo que había, pero sí que éramos felices, si el beisbol de las grandes ligas se hallaba entre nuestras prioridades existenciales.
La serie en la que estuvo indetenible en Los Ángeles
Clemente y los Piratas de Pittsburgh llegaron a Los Ángeles para jugar con los Dodgers una serie de tres juegos a partir del viernes 21 de agosto. En el primero, los Dodgers consiguieron una victoria de 2 a 1 con carreras empujadas por el cátcher Bill Sudakis, mientras la única rayita de los Piratas la remolcó Clemente con un sencillo.
Al día siguiente, Clemente rompió el modelo ofensivo de la jornada. De los siete de los Piratas, cinco salieron de su bate.
El domingo, Clemente estaba en el jardín derecho y tercero en el orden ofensivo del Pittsburgh. En el primer inning disparó un sencillo. Volvió para el segundo y empujar una carrera con un sencillo al bosque derecho.
En el cuarto episodio descargó un doble impulsor; finalmente dio hit en el séptimo y en el octavo selló la jornada con jonrón.
EN TIPS
Ocho juegos con cinco imparables. En su trayectoria de dieciocho años en las grandes ligas, entre 1955 y 1972, Clemente sumó ocho juegos con cinco imparables, camino a una carrera de 3 mil incogibles con un promedio ofensivo de .317 puntos en bateo, y con cuatro coronas que lo llevaron al Salón de la Fama de las grandes ligas.
Añoranza por aquellos tiempos de pelota. Clemente y los Piratas de Pittsburgh llegaron a Los Ángeles para jugar con los Dodgers una serie de tres juegos a partir del viernes 21 de agosto. En el primero, los Dodgers consiguieron una victoria de 2 a 1 con carreras empujadas por el cátcher Bill Sudakis, mientras la única rayita de los Piratas la remolcó Clemente con un sencillo.
Al día siguiente, Clemente rompió el modelo ofensivo de la jornada. De los siete de los Piratas, cinco salieron de su bate.
El domingo, Clemente estaba en el jardín derecho y tercero en el orden ofensivo del Pittsburgh. En el primer inning disparó un sencillo. Volvió para el segundo y empujar una carrera con un sencillo al bosque derecho. En el cuarto episodio descargó un doble impulsor; finalmente dio hit en el séptimo y en el octavo selló la jornada con jonrón.




