Tripleplay | La epopeya de Joe DiMaggio hace 80 años

Un viejo y gran amigo, pero sobre todo, un erudito en las reglas y la estrategia del juego, como también en la historia del beisbol de las grandes ligas, insiste en que el promedio de .406 en bateo de Ted Williams en 1941, fue un acto de más envergadura que los 56 juegos consecutivos con imparables de Joe DiMaggio en esa misma temporada.

La estatura y la trascendencia de lo acontecido hace medio siglo, es en sí mismo un obstáculo formidable para sacar conclusiones definitivas o fijar posiciones por uno u otro bateador. Desde entonces, ningún bateador en las mayores ha conseguido un average semejante, mientras que la cadena tiene el aspecto de una de esas marcas inalcanzables.

¿Qué hacer entonces? Bueno, disfrutar con su recuerdo como haremos hoy con la hazaña de DiMaggio.

Como era de esperar, la seguidilla comenzó sin aspavientos el 15 de mayo en el Yankee Stadium. En el primer inning, con dos outs y Phil Rizzuto en segunda base y un promedio ofensivo de .306, DiMaggio largó un sencillo al jardín izquierdo ante Eddie Smith, el abridor de los Medias Blancas.

Remolcó la primera y única rayita de su equipo que perdió 3 a 1. El 2 de junio la racha se había extendido a 19 desafíos y la prensa empezó a seguir la pista, señalando metas. Primero los 32 juegos de Roger Hornsby y los 22 de George Sisler, marcas que se remontaban a la campaña de 1922 en la Liga Americana. Una vez aventajados, su interés se trasladó a Wee Willie Keeler, que poseía el récord para las ligas mayores con una cadena de 44 encuentros fijada en 1897.

El primero de julio en una doble cartelera con los Medias Rojas en el Fenway Park en Boston, DiMaggio igualó y superó el registro de Keeler. La presión sobre él y sus compañeros, invadidos por lo que se vivía, empezó a bajar. Después de todo, ya el récord le pertenecía. De allí en adelante todo era ganancia.

Y así ocurrió en los siguientes doce encuentros, sobre todo el del 16 de julio en Cleveland, cuando en cuatro turnos sonó tres imparables para aterrizar en la meseta de los 56. Después del partido en los vestuarios, alguien comentó si no pensaba dejar de batear. Con un dejo de ironía en su voz, DiMaggio respondió con otra pregunta. Si es que antes, alguien había dado hits a través de 56 juegos.

La noche del 17 de julio, y de nuevo en el estadio Municipal de Cleveland, DiMaggio se fue en blanco en cuatro turnos. Todo había terminado.

Bateó más allá de los .400 en su racha de juegos con hits

¿Saben para cuánto bateó DiMaggio a través de la seguidilla? Para .408. En 223 turnos al bate conectó 91 imparables, entre ellos, 16 dobles, 4 triples y 15 jonrones, y remolcó 55 carreras.

En 34 de los 56 encuentros solo tuvo un imparable y en cuatro sumó 4. Sin embargo, quizás lo más notable, es cómo inmediatamente dio comienzo a otra cadena de 16 juegos con al menos un incogible. Es decir, en 77 partidos apenas dejó de despachar imparables en uno.

Al final de la temporada, los Yanquis habían atrapado su cuarto gallardete en los últimos cinco años, y DiMaggio solo había dejado de sumar incogibles en 11 de los 139 encuentros en los que participó, y apenas se ponchó en 11 ocasiones. Fue electo Más Valioso de la Americana en aquella mítica temporada para el slugger.

EN TIPS

El Premio «Más Valioso». La elección para el galardón como el “Más Valioso” de la Liga Americana en la temporada de 1941, no pudo estar más disputada. Joe DiMaggio recibió 291 puntos, 15 votos para el primer lugar y un 87% del total. Ted Williams obtuvo 254 votos, 8 para el primer lugar y un porcentaje del 76 %.

¿Quién está más cerca?. Pete Rose es quien más cerca ha estado, de al menos igualar el registro de Joe DiMaggio. En la campaña de 1978 con los Rojos de Cincinnati, el tercera base y toletero ambidiestro, estuvo 44 encuentros consecutivos con imparables. Solo pudo empatar el de Wee Willie Keeler para la Liga Nacional

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