Tripleplay | Otro genuino Salón de la Fama

No pretendemos imponer criterios. Mucho menos en un escenario con visiones y puntos de vista tan variados, como lo es el de los deportes, y ni hablar entre nosotros como lo es el beisbol. Pero es que en búsqueda de qué escribir, me topé con un evento protagonizado por Edgardo Alfonzo que nos puso a recapacitar. A ver qué piensan ustedes.

No vamos a restar importancia ni valor a estar en el Salón de la Fama de las grandes ligas. Sin embargo, y aquí vienes lo que nos ha puesto a reflexionar: estar en el íntimo Salón de la Fama de los equipos, es un logro más auténtico que arribar al pabellón de Cooperstown. De acuerdo, a simple vista parece una visión descabellada de uno de los acontecimientos más célebres y respetados en la historia de la gran carpa, pero aquí tienen el por qué de lo que aparentemente parece un disparate nuestro.

Ingresar al Salón de la Fama de las mayores, pasa porque los aspirantes reciban el visto bueno de los integrantes de la Asociación de Cronistas de Beisbol de Estados Unidos. No podemos poner en duda su capacidad de ver quiénes merecen y quiénes no, la inmortalidad. Sin embargo, y la historia del galardón lo evidencia, no pocas veces la escogencia es influida por factores más allá de lo ocurrido en el terreno de juego. No por casualidad, si la mayoría de los escogidos merecen el ingreso, como lo tendrá en su momento el toletero Miguel Cabrera, no son pocos los cuestionados por estar allí, ni pocos los que no están y sí poseen méritos para estar, como ocurre por ejemplo con el campocorto David Concepción y el pitcher Luis Tiant.

¿Y los peloteros seleccionados solo por lo hecho en la exclusividad de un solo equipo, tienen entonces más mérito? Ciertamente, no nos atrevemos a afirmarlo. Ni a suponer que solo lo alcanzado en el campo es lo que influye en la nominación. Sin embargo, que la escogencia sea de la exclusividad del conjunto –es lo que al parecer ocurre- tiende a dejar a un lado algunos puntos que “enturbian” la escogencia del templo de Cooperstown. Los años en acción respalda lo que apuntamos. Para pretender llegar al Salón de la Fama, es indispensable cumplir como mínimo, diez años de servicio en las mayores. Los equipos no son tan exigentes. Edgardo Alfonso “solo” tuvo ocho campañas en los Mets de Nueva York, y aún así resultó homenajeado por la escuadra en 2021.

No faltará quien diga, que de valorar la carrera de Alfonzo en la gran carpa, desde sus doce años en acción, no hubiese alcanzado la inmortalidad. Realmente su nombre no apareció entre los aspirantes en 2012, cuando tuvo la ocasión de figurar por vez primera entre los aspirantes. Solo que para los Mets de Nueva York, eso no representó obstáculo alguno. Ciertamente, estamos ante un relato absurdo. Aunque en un contexto donde prevalen visiones y puntos de vista tan variados, pasemos el rato.

Aquel 30 de agosto ante los Astros de Houston

Es probable que los Mets se vieran atraídos por el reconocimiento a Alfonso, un día como hoy de 1999 en Houston. Esa noche ante los Astros en seis turnos al bate, coleccionó tres jonrones, un doble y dos sencillos, remolcó cinco carreras y anotó seis, llevando a los Mets a un triunfo de 17 a 1 sobre el Houston.

A su paso por el conjunto no tuvo una actuación ofensiva semejante. No obstante, en esas ocho temporadas entre 1995 y 2002 coleccionó 120 cuadrangulares, remolcó 538 anotaciones y bateó para 284 puntos en 1086 juegos mientras defendía muy en particular la tercera y la segunda base.

Cuatro veces terminó con más de .300 puntos en bateo, y en sus ocho campañas actuó al menos en 101 desafíos y en tres en al menos 150.

EN TIPS

Nueva York abrió el camino

Alfonso firmó originalmente con los Mets de Nueva York en 1991 a los 18 años de edad y sus últimas cuatro campañas en las grandes ligas las pasó con los Gigantes de San Francisco, los Angelinos de California y los Azulejos de Toronto. Nació en Santa Teresa del Tuy en el estado Miranda, el 8 de noviembre de 1973.

Inmortal es inmortal

También estuvo en tres Series Divisionales, dos Series de Campeonato y una Serie Mundial.

Quizá no suficientes para llegar hasta el Salón de la Fama de las grandes ligas, pero sí como para que los Mets de Nueva York le abrieran un lugar en su salón exclusivo de inmortales.


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