Visión de juego | Italia es la mejor exponente del fútbol flexible y constructural

Si uno quiere entender de forma sencilla la teoría constructural planteada en 1996 por el ingeniero mecánico y físico rumanoestadounidense Adrian Bejan, solo basta encender el televisor y mirar los movimientos de la renovada selección de Italia del entrenador Roberto Mancini. De acuerdo con la teoría constructuralista, “cuanto más libres, flexibles y dinámicos nos volvamos, más eficaces seremos”.

La Italia de Mancini rompió con las amarras que tradicionalmente le impedían a la Azurra evolucionar en la cancha. Recordemos que la historia de los títulos italianos se forjaron bajo el rigor táctico del catenaccio, en el que prevalecía el orden defensivo sobre el ataque.

Metidos atrás, aguantando con su capacidad para destruir lo que proponía el rival y aprovechando al máximo las contadas oportunidades o los errores del contrario, Italia obtuvo títulos de Europa y Copas del Mundo.

No es de extrañar, en consecuencia, que la última vez que Italia se coronó en el Mundial de Alemania 2006, su mejor exponente en el terreno fue el defensa Fabio Cannavaro.

Desde entonces, mientras el fútbol europeo del resto de las selecciones avanzó hacia la conectividad entre los jugadores, el control del balón y su intercambio con pocos toques y de forma veloz en los últimos metros para precipitar la caída de la valla rival, como hicieron España, Alemania y Francia para dominar el fútbol, Italia se estancó a tal punto que quedó apeada del Mundial de Rusia.
Había que cambiar y Mancini lo ha hecho.

Y tal vez sin saberlo, el entrenador de Italia es uno de los mayores promotores de la teoría constructural que explica el funcionamiento de cualquier sistema dinámico, y el fútbol es uno de ellos. A diferencia de sus predecesores en el banquillo que preferían músculo antes que talento, Mancini ha dado libertad de movimiento a jugadores exquisitos, dotados de una técnica superlativa y que han convertido a Italia en el equipo más flexible y dinámico de la actual Eurocopa.

Italia ya no se esconde en su cancha. Sale jugando tomada de la mano con la confianza de los enamorados, utilizando la habilidad de Jorginho, Verrati y Barella, quienes imponen el ritmo, ampliando el juego por las bandas por donde se liberan y proyectan Spinazzola y Di Lorenzo para generar esa ramificación constructural que Immobile, Insigne y Chiesa alargan con su calidad hasta llegar al arco del contrincante, como hicieron el viernes cuando superaron 2-1 a Bélgica, favorita a ganar la Eurocopa con su fútbol veloz y potente.

El torneo está consagrando a Insigne como una de las nuevas joyas del fútbol mundial. Intrépido, corajudo, con una cintura de bailarín cubano y un dominio suramericano del balón, el pequeño atacante anotó ante Bélgica uno de los goles más depurados del campeonato.

Se abrió camino con un drible endemoniado, superó a los defensas belgas y metió un bombazo con comba al ángulo para demostrar que la libertad de creación siempre será más efectiva que los corset tácticos de los entrenadores.
Italia tampoco es la libérrima Brasil del Mundial de España 82, que solo atacaba y olvidaba que en el fútbol también hay que defender la ventaja. La Azurra de Mancini también abreva en las raíces de su pasado.

Sabe cómo replegarse para dificultar el tránsito por su territorio, solo que ahora no lo hace con perros de presa como en los tiempos de Genaro Gattuso, sino ocupando los espacios con eficiencia y procurando que el balón esté el mayor tiempo posible en la cancha rival, aplicando presión alta y atacando sin descanso, aún cuando el marcador le resulta favorable.

Disfrutemos esta Italia constructural que ha evolucionado con flexibilidad y libertad de movimientos que hace de su fútbol un bocatto di cardinale.

Neymar es la alegría más consecuente de una Copa América soporífera

Mientras la Eurocopa ha mostrado en cada jornada partidos de una dinámica inagotable con equipos que defienden y atacan con igual empeño, en la que cada llegada al arco rival es una promesa de gol, la Copa América, en cambio, ha sido una sucesión de juegos soporíferos.

Las situaciones de gol son escasas al punto que algunos de los mejores artilleros del mundo como Lionel Messi, Luis Suárez, Edinson Cavani, Luis Muriel o Duván Zapata apenas han ofrecido pinceladas de su indudable capacidad para perforar las redes.

La falta de público en los estadios y hasta el pésimo estado de las canchas seguramente ha influido en la mediocridad del torneo. Solo Neymar se ha salvado de la gris tesitura de otras estrellas. Sus ganas de conquistar con Brasil su primer título en la Copa América, pidiendo la pelota, apareciendo por todos los frentes del ataque para dirigir las maniobras con su pase o un certero disparo al arco marcan una gran diferencia.

El entusiasmo de Neymar es la más consecuente alegría de un torneo con pocas imágenes para el recuerdo.

Suárez y Cavani se marcharon del torneo, tras la eliminación de Uruguay en tiros penales, por la puerta trasera. La celeste del maestro Tabárez muestra signos de agotamientos. Desperdició en el torneo uno de los mejores mediocampo y fue incapaz de sacar provecho a dos de los mejores artilleros del planeta.

Por lo pronto, Messi mantiene viva a Argentina. Aunque falló un gol que suele convertir hasta con una venda en los ojos, luego metió flor de habilitaciones y convirtió otro soberbio gol con un tiro libre fulminante. Todo se encamina para que Messi y Neymar diriman en Maracaná una final más que cantada.

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