Tripleplay | Medio siglo de un hecho trascendental

No importa que haya pasado una semana. Cuando un hecho es trascendental, el tiempo no pasa. Perdura por los siglos de los siglos, como ocurrió el primer día de septiembre de 1971 en el estadio “Tres Ríos”, la casa de los Piratas. Me encantaría saber cómo hubiesen reaccionado los medios de comunicación y los aficionados, de haber ocurrido hoy. Quizás no sería más que otro juego en el calendario.

Ciertamente, en estos 50 años, es mucho lo que ha cambiado el mundo, y el beisbol de las grandes ligas no podía escaparse de esa sacudida en todos los órdenes. Por ello, lo más probable es que, en particular las recientes generaciones de aficionados y hasta de periodistas, reirán por evocar lo ocurrido aquel miércoles en Pittsburgh.

La versión de los Piratas llamaba la atención por varias razones. La primera, porque encabezaban el Este de la Nacional con un notable registro de 81 victorias y 56 derrotas, el mejor de toda la liga, solo aventajado en ambas ligas por el 81-48 de los Orioles de Baltimore en la Americana. Otra porque en su nómina convivían trece peloteros latinoamericanos o descendencia africana.

El acontecimiento fue obra de una feliz casualidad. Richie Hebner, titular de la tercera base, estaba fuera por una lesión menor, y Bob Robertson, que habitualmente custodiaba la primera base contra los zurdos, Murtaugh lo envió a descansar pese a que por los Filis comenzaba el zurdo Woody Fryman.

El movimiento pasó desapercibido, pero esa noche para enfrentar a los Filis, los Piratas se convirtieron en el primer equipo en la historia de las grandes ligas, en saltar al campo con una alineación integrada completamente por afro descendientes.

El manager Danny Murtaugh colocó al panameño Reinaldo Stennett en la segunda base, Gene Clines en el jardín central, al boricua Roberto Clemente en el derecho, Willie Stargell en el izquierdo, al panameño Manny Sanguillén en la receptoría, a Dave Cash en la tercera base, Al Oliver en la inicial, el cubano Jacinto Hernández en el campocorto y al pitcher Dock Ellis como lanzador abridor.

El encanto duró muy poco. El Filadelfia derribó a Ellis en el segundo episodio con cinco carreras, un jonrón y cuatro pasaportes, pero el Pittsburgh con seis de sus regulares coleccionando dos imparables cada uno, se llevó la victoria 10 por 7.

El suceso no tuvo el impacto histórico que produjo la llegada del utility Jackie Robinson en 1947 con los Dodgers como el primer afro descendiente en la historia de las mayores, ni tampoco el arribo que representó el infielder Curt Roberts en 1954 como el primer afro descendiente en la historia de los Piratas. Pero cómo no recordarlo.


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