Si tratamos de hallar al equipo más dominante en las memorias centenarias de las grandes ligas, no serán pocos los conjuntos candidatos a recibir semejante mérito. Sin embargo, dejando de lado subjetividades, fanatismo, afición, si otorgáramos el reconocimiento a los Yanquis de Nueva York de finales del decenio de los 40 y principio de la década de los 50, no resultaría tan sencillo contradecir esa posibilidad.
De entrada, esos Yanquis disponen del argumento de más peso a su favor, los números. Las estadísticas ciertamente no representan la verdad más absoluta, aunque también es lo que más se cerca a esa verdad.
Allí están los hechos. Entre 1949 y 1953, los Yanquis conquistaron el gallardete de la Liga Americana. Son, junto con los Yanquis de 1960 a 1964, el único conjunto en ganar cinco banderines al hilo.
Pero eso no es todo. También despacharon a sus rivales en cada una de las Series Mundiales disputadas en dicho período. Cómo no, habrá razonamientos a favor y en contra, pero lo que no admite duda es que estamos ante una hazaña hasta ahora irrepetible.
La piedra fundacional la puso la directiva al nombrar a Casey Stengel como manager del equipo en lugar de Bucky Harris. Una decisión que sorprendió al mundo, porque Harris había dirigido al Nueva York en las dos temporadas previas hasta el primero y el tercer lugar, mientras Stengel a sus 59 años de edad, ya tenía nueve campañas de experiencia como piloto en las mayores, pero no había obtenido una sola corona y no conducía desde 1943. Para más señas, ninguno de sus conjuntos había concluido con más victorias que derrotas.
La piedra angular de la escuadra fue su cátcher Yogi Berra, el único pelotero regular con 100 o más juegos por temporada. Pero sobre todo por lo hecho por Berra como conductor de tres de los abridores: Allie Reynolds, Vic Raschi y Ed Lopat. Entre los tres sumaron cinco temporadas de al menos 20 triunfos. Luego se anexó el veterano Johnny Sain y un futuro inmortal, el zurdo Whitey Ford.
Stengel puso en práctica un sistema que se conoció como “Pelotón”, obligado por no disponer de más peloteros con quienes contar a tiempo completo. Lo único fijo en la alineación regular, y no tanto, era la línea central. Entretanto, manejaba el resto del orden de acuerdo con las características del pitcher contrario, si era derecho o zurdo.
Aparte de Berra, Jerry Coleman fue el titular de las segunda base del 49 al 51, Phil Rizzuto del campocorto del 49 al 53, y en el jardín central, Joe DiMaggio del 49 al 51 en los que fueron los tres últimos años de su carrera, y el joven Mickey Mantle entre el 52 y el 53. Rizzuto fue el “Más Valioso” de la liga en 1950 y Berra en 1951, aunque paradójicamente, hubo un pelotero decisivo que llegó el 22 de agosto de 1949, y por quien los Yanquis pagaron 40 mil dólares a los Gigantes, Johnny Mize.
El héroe inesperado bateaba como emergente
Mize era un veterano de 36 años de edad que cuatro veces había sido líder en jonrones de la Liga Nacional con un tope de 51, en tres el primero en carreras empujadas con un tope de 138 y en otra líder bate con average de .349. Un bateador zurdo y defensor de la primera base, Stengel hizo de Mize su bateador emergente principal.
En el lustro fue el primero entre los emergentes de la liga con 9, 10 y 19 imparables y un promedio global de .281, mientras totalizó durante su estadía con los Yanquis, 62 vuelacercas y 179 carreras empujadas.
En las cinco Series Mundiales que disputó largó tres cuadrangulares, impulsó nueve carreras y conectó para un sólido promedio de .286.
Al terminar la campaña de 1953, Mize se retiró y en 1981 fue elevado al Salón de la Fama de Cooperstown.
EN TIPS
Barrida en octubre
En las Series Mundiales del 49 al 53, los Yanquis de Nueva York superaron a Dodgers de Brooklyn 4 victorias a 3, a los Filis de Filadelfia 4 a 0, a los Gigantes de Nueva York 4 a 2, a los Dodgers de Brooklyn 4 a 3, y a los Dodgers de Brooklyn 4 a 2. Solo una vez perdieron dos juegos de forma consecutiva.
Desaparece el encanto
En la temporada de 1954, fueron los Indios de Cleveland acaudillados por Alfonso López, los que detuvieron la seguidilla de cinco coronas de los Yanquis en la Liga Americana. Los Yanquis ganaron en 103 desafíos, pero los Indios finalizaron con 111 victorias, una plusmarca para el joven circuito.




