Los Tiburones de La Guaira pueden darse por satisfechos después de ver la caída del Internacional del Porto Alegre ante el Flamengo, el pasado domingo en el estadio Maracaná. 35 años sin títulos en el beisbol venezolano pueden quedar guardados sin rencor en el cesto de las oportunidades perdidas delante de los 41 años en blanco del Internacional de Porto Alegre, al que aún le queda una remota oportunidad de titularse en la última fecha. Después de todo, 35 y 41 son poca cosa en el pasar del tiempo si las comparamos con el Génova. El último título de los “muchachos del agua” fue en 1924, en una época en la que era este equipo el más encumbrado del fútbol italiano y en la que se coronaba casi sin oposiciones ni sobresaltos…
Ganar es una satisfacción, es el orgullo de la supremacía, un alivio a las penurias de todo un campeonato. Sin embargo, cierta vez dijo Jorge Luis Borges que “en la victoria hay poco de la dignidad que hay en la derrota”. Sí, porque es ahí, en la caída donde se consiguen las más nutridas y sentidas historias, donde se consiguen los más nobles vestigios del humanismo que el atleta lleva en sus entrañas; no así en los vencedores, que en su entusiasmo y desafuero solo consiguen proclamar los lugares comunes típicos de esos momentos. Entonces, perder puede ser un consuelo, un pañuelo para tanta lágrima suelta. Solo queda esperar los partidos del Brasilerao y de alguna manera desear que no gane el Internacional, para que el farolillo rojo de Suramérica siga en manos ajenas y no en las aletas amenazantes pero frustradas del arponeado tiburón guaireño…
En Venezuela no hay que remitirse a la prehistoria. En un fútbol nuevo si vemos la antigüedad de países de más arraigo, y si hablamos de aquellos equipos profesionales que han sobrevivido a los vaivenes del tiempo, basta con echar una ojeada a la década de los setenta para mirar en el listado el nombre de Portuguesa como titular en 1978, para reconocer al equipo con más años sin laureles ni elogios desmedidos. Pero habrá que hacer una aclaratoria: la Universidad Central de Venezuela fue titular en 1957, año de inicio de la era profesional, y si este equipo sale al ruedo, como se dice, en el campeonato programado para arrancar en abril, entonces quitará la antorcha de la antigüedad a los llaneros. En el devenir de la historia local ha habido otros con mucho tiempo sin gloria, pero han sido, tal y como es característico en el fútbol nacional, equipos desaparecidos y que se anotan en una lista sin fin y perdida en las arenas pantanosas del olvido. Nos vemos por ahí.




