No fue algo inesperado verlo sentado en una mesa del fondo del restaurant Gioias, en el estado de Rheinau, cercano a Stuttgart, bebiendo un vino tinto. Había hecho una reservación, días antes, y por eso sabíamos dónde encontrarlo. “Buenas noches”.
Y su respuesta, en claro español aunque con acento germano, fue: “Buenas noches. ¿De dónde eres?”. “De Venezuela, Suramérica”. “Ah, Venezuela”. El tipo, vestido con una gruesa chaqueta blanca, fino al tomar al tomar el vaso y educado al hablar, era Joachim Low, director técnico de la selección alemana hasta el año pasado, y campeón mundial en Brasil 2014.
Entendimos que estaba en sus horas de esparcimiento, junto a un amigo, y no estaba en ánimo de entrevistas. Solo que, picados por la curiosidad, atinamos a comentarle: “No es común conseguir por aquí alguien que hable español”. Una sonrisa, una mirada a su compañero de mesa, y nada más. “Otro vino, por favor”…
Y, supimos, por versiones de los corrillos del fútbol y por informaciones de medios alemanes, la razón por la que Low, hoy directivo de Freiburg en la Bundesliga, se ha interesado últimamente por el idioma de Cervantes: en pocos meses tomará un vuelo a Madrid, pasará por las oficinas de Florentino Pérez y ya sabemos la intención.
Más que una sospecha, es casi una certeza: el hombre será, desde la próxima temporada, entrenador del Real Madrid. ¿Real Madrid? Sí, es lo que se cree, lo que se siente como un hecho cercano, porque el ciclo de Carlo Ancelotti parece cumplido. Y que solo si ganara la liga española y la Champions League podría hacer perder el vuelo a Joachim Low.
Y cuando esto suceda, si es que inevitablemente va a suceder, ya sabemos quién será el capitán madrileño en cada partido: Toni Kroos, tan alemán como el cliente del vino con reservación en el restaurant de Rheinau…
Cuando la aparición de la pandemia explotó en el mundo entero, meses intermedios del año 2020, se creía que el deporte iba, en un acto de contrición, a renacer, que los contratos iban a sentir una disminución considerable pues así iba a ser en todos los órdenes de la vida. Bien.
El PSG acaba de ofrecer a Kylian Mbappé más de 50 millones de euros por temporada, Max Verstappen ganará 50 millones de la monera europea por conducir en la Fórmula 1 durante 2022, y Juan Soto, pelotero dominicano de los Nacionales de Washington, no quedará conforme si no le dan 500 millones de dólares por quince años.
Entonces, no ha sido así como inocentemente se pensaba. A la avaricia humana no hay quien la controle, y los ricos patrones del deporte complacen a sus muchachos. Qué le vamos a hacer. Nos vemos por ahí.




