Visión de juego | Jerarquía aurinegra sufre de oxidación

El Deportivo Táchira ha coqueteando en las dos últimas temporadas con conquistar la novena estrella para su laureada historia. Es la guinda que le falta al técnico Juan Domingo Tolisano para consagrarse como uno de los grandes entrenadores del club aurinegro.

Formado en las filas del club, como coordinador de las categorías menores, Tolisano se hizo cargo del inestable banquillo en 2019 y desde entonces ha hecho soñar a la fiel afición tachirense con dar la vuelta olímpica en el templo de Pueblo Nuevo.

Pero al Táchira le ha faltado carácter y determinación en los partidos decisivos. Durante las rondas de clasificación ha sido intratable. Lideraron la tabla en el torneo Clausura 2019 y también fueron el mejor equipo en el acontecido campeonato de 2020, marcado por la paralización por la pandemia, en el que dominó el Grupo B en la burbuja de Barinas.

Pero en la final del torneo Clausura de 2019, el Táchira de Tolisano se desmoronó en el choque decisivo para avanzar a la final. Llegó a Pueblo Nuevo con todo a favor, tras haber sacado empate 1-1 en el primer choque en el estadio Olímpico. En el duelo de vuelta se puso adelante 2-0 con los goles de Pablo Camacho y Carlos Cermeño de penalti.

Tenía el título en el bolsillo y se lo dejaron arrebatar. No tuvieron el temperamento para manejar el partido y aprovechar los espacios que dejaba el Caracas en su necesidad de ir por el empate.

Se resguardaron, apostaron todo a liquidar de contragolpe. Con la paciencia de un carbonero, el equipo de Noel Sanvicente le destrozó los nervios al Táchira. Daniel Saggiomo logró el empate y Caracas consiguió otro triunfo memorable, de los que generan rivalidad y pasan a la historia, mediante el cabezazo inolvidable de Rosmel Villanueva en el minuto 90.

Táchira se quedó con las manos vacías y el Rojo disputó la final en la que luego derrotaría a Estudiantes de Mérida por la vía de los tiros penales, para añadir la estrella número 12 a su rico palmarés.

En el pasado campeonato de la pandemia, Táchira volvió a exhibir su falta de carácter en la final contra Deportivo La Guaira. El orden y la solidaridad del equipo de Daniel Farías para ocupar espacios y controlar el ímpetu de Pérez Greco, el alma del Táchira con su inigualable capacidad para empujar el ataque mediante su cambio de ritmo, la intuición para desmarcarse y generar riesgo.

La Guaira anuló la propuesta de Tolisano y los goles de Martín García y Charlis Ortiz titularon al cuadro naranja. A partir del domingo, Táchira tiene otra oportunidad para pulir en el hexagonal A su oxidada jerarquía.


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