El beisbol fue un deporte y un espectáculo feliz, robusto, fuerte, hasta que comenzó a depender de lo que ordena la televisión.
Muchos compañeros periodistas no pueden cumplir con la obligación moral y profesional de defender al beisbol, porque también trabajan para empresas de la televisión, y tienen ese bozal de arepas encima 24 horas al día. Por supuesto que en los últimos años me han ofrecido, y con insistencia, trabajo en esas cadenas, pero he preferido mis bajos ingresos con absoluta libertad.
Es asombroso cómo cada decisión del comisionado Rob Manfred y sus cómplices televisadores, perjudica al beisbol.
Como lo del corredor de regalo en segunda base después del noveno inning más el proyectado jonrón derby. El asunto es acabar con los extra innings. Nadie se había embasado gratis en más de cinco mil años de beisbol, desde aquellos ritos religiosos.
Y yo, toda la vida, he deseado que los juegos se fueran a innings extras, porque eso es otro espectáculo, mucho más tenso, de mayores emociones.
Y aquellos finales que había, con un jonrón o con el robo de home en el décimo tercero o décimo quinto inning. Y cuando el club visitante se iba arriba por una carrerita en la primera entrada del décimo sexto, para ver al home club empatar en la segunda entrada del inning.
Muchas veces los mánagers tuvieron que usar como emergencia, al lanzador que iba abrir mañana, porque había que ganar el juego de hoy.
Ahora, ¿porqué Manfred y los televisadores acaban con los extra innings?, por lo mismo que adoptaron la estupidez de los juegos de siete innings en los programas dobles, para que el espectáculo ocupe menos tiempo, porque tiempo es lo que venden los televisadores. Y los televisadores mandan, porque pagan tanto dinero, que pueden haber contratos de peloteros de 40 millones de dólares por temporada, a la vez que el comisionado cobra 17 millones anuales.
Es una actividad de mercenarios, meramente de mercenarios. Una guerra de multimillones de dólares contra el beisbol, que es juego sagrado.
La solución no está cercana, porque los propietarios de equipos, los dueños del negocio, son quienes nombran al comisionado, por lo que la labor principal de él es defender el capital invertido. Para acabar con los abusos contra el beisbol, sería necesario que el comisionado fuera nombrado por el gobierno nacional… ¡Digo yo, ¿no?!
El juego más largo necesitó dos días y fue en Triple A
El juego más largo en innings fue en Triple A. Comenzó el 18 de abril de 1981 y terminó al día siguiente, tras 33 innings de emociones. Pawtucket le ganó a Rochester, 3-2.
Dejaron estadísticas notables. Consumieron 219 turnos al bate, hicieron 195 outs, 53 quedaron en bases, conectaron 39 incogibles. Utilizaron 160 pelotas, a $24.50 la docena, 326 dólares. Hicieron más de mil lanzamientos. Russ Laribee, del Pawtucket, fue 11 veces a batear y lo struckaron en siete ocasiones; en total se registraron 60 strikeouts.
Dave Huppert, catcher del Rochester, jugó en su posición durante 31 innings. El relevista Jim Umbarger, fue llamado en el inning 22, y lanzó 10 entradas. Mil 740 espectadores vieron el primer inning solo 23 el último del primer día.Cuando se reanudó el juego, cinco mil 756 personas vieron el innings 33.
EN TIPS
Empate en Nueva York
En el Ebbets Field, de Brooklyn, Robins y Bravos jugaron 26 innings en 3.50 horas y quedaron empatados a una carrera, porque bajó el sol.
Rabia mortal
Si les tocaran extrainnings como esos al comisionado Rob Manfred, y a sus cómplices, morirían de rabia.




