Visión de juego | Juegos del hambre para empresarios

Nadie puede sorprenderse porque los amos del fútbol europeo decidieran independizarse de la UEFA para organizar un torneo solo para clubes ricos al que han bautizado como Superliga. En su origen el fútbol surgió como un entretenimiento social; organizado por obreros y trabajadores que en sus ratos libres no tenían mayor escape que perseguir una pelota con libertad de movimiento. Pero los antiguos clubes gestionados por dirigentes surgidos de las entrañas del deporte y su comunidad se han convertido, gracias a la globalización de la comunicación y la economía, en los principales motores de la millonaria industria del entretenimiento.

Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid, Manchester United, Manchester City, Liverpool, Chelsea, Tottenham, Arsenal, Juventus, Milan, Inter, los 12 clubes fundadores de esta elitesca competencia son marcas comerciales por sí mismas que dejaron atrás sus vínculos con la masa social y los aficionados que representan. Solo responden a los intereses empresariales de su dirigencia. No es de extrañar, en consecuencia, la repulsa unánime que ha generado en el mundo entero la creación de este engendro competitivo. Ningún jugador, entrenador o aficionado, quienes dan vida a los equipos en el tapiz y en las tribunas, fue tomado en consideración por los amos del balón. La única opinión que les interesa escuchar a empresarios del fútbol como Florentino Pérez, presidente del Real Madrid es la de los expertos en economía, derechos de televisión y mercadotecnia, que proyectan ganancias siderales para los clubes que participen en la competencia.

El principal socio de esta iniciativa deportiva no son los aficionados sino los tiburones de la empresa financiera J. P. Morgan Brothers, famosa por sus bonos para financiar guerras y por haber gestado, a principio de este siglo, la burbuja financiera de préstamos hipotecarios que estalló en 2008 y dejó en la quiebra y sin vivienda a miles de estadounidenses. Su nuevo objetivo es crear otra burbuja financiera en el fútbol, a costa de sacar más ganancias de las transmisiones televisivas de los partidos, a través de las nueva plataformas de contenido de gigantes como Google, Amazon o Apple que llevarán el modelo de Netflix a los deportes. La pandemia del covid-19 demostró que no hace falta tener miles de aficionados en las canchas. El verdadero negocio es tener a millones de suscriptores pagando mensualmente por el derecho a ver a los Messi, Cristiano, Neymar, Mbappé, Salah, Lewandowski y Suárez en estos Juegos del Hambre ideados para saciar a los amos del balón.

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