Richard Páez, el hombre que hacía falta

Hace algunos años, Humberto Acosta iniciaba su reseña del juego La Guaira-Caracas con estas frases: “El fantasma que asusta, el hombre que vuelve…”, en relación al regreso de Antonio Armas a la alineación de los Leones luego de una ausencia por lesión. Sus batazos colosales, su fuerza descomunal desataban en la cueva rival todas las aprensiones, porque con sus jonrones de mil millas podía cambiar el curso de aquella semifinal. Aquella situación de la pelota venezolana es absolutamente contraria a la vuelta al fútbol nacional de Richard Páez, que en vez de infundir un cierto temor, ha hecho que en todos los rincones del país haya ahora un respiro hondo de satisfacción.

El merideño nacido en Maracaibo (sí, es así) no estaba desaparecido en combate, y ahora ha vuelto para con su nueva presencia darle un señorío al fútbol venezolano que mucha falta le estaba haciendo. Fueron seis años de andanzas por el continente, de Alianza de Lima, de Millonarios de Bogotá, de Deportivo Cuenca de Ecuador, hasta regresar al Mineros de Guayana luego de dirigirlo en 2013-2014, tentado por un proyecto que ha terminado por entusiasmarlo.

En sus casi siete años al comando de la selección Vinotinto, y todo ese tiempo por Suramérica, Páez llevó en sus equipajes las influencias del técnico colombiano Francisco Maturana, soñador sin remedio como el venezolano, pensando siempre que en el fútbol, además de un resultado, tiene que haber una belleza, una poética que haga que la gente llegue a amarlo como arte y hecho de creación. Y tales preceptos intentó inculcarlos Páez a sus jugadores, alentados con la nueva visión de un fútbol atenazado a conceptos arcaicos y en desuso.

Páez ha vuelto y al parecer, carga con peso ligero los años de ausencia. A sus 66 años de edad, que cumplirá el último día del año, se mantiene vigente con charlas de formación y recuerdos con el grupo “Venezuela Fútbol”. Tuvo hace algún tiempo en la mira del telescopio a la Federación Venezolana, pero como suele pasar en los estamentos que huelan a poder, las turbias artimañas de los que manejan los hilos de los títeres sin criterio lo hizo desistir, desencantado por las trampas puestas en el camino; mas, no fue vencido.

Está ahí otra vez, con los fusiles del conocimiento alertas para entregarlos a los jugadores de nuevo cuño. Y Mineros, y todo el fútbol que por Venezuela se siembra, dicen que ha valido la pena.

“El fútbol, la medicina, la vida”

En el libro “El técnico de Venezuela”, de autoría de quien ahora escribe y publicado en 2010 por los Libros de El Nacional, Richard Páez expresa en el capítulo “El fútbol, la medicina, la vida”, sus vivencias en las canchas de Venezuela y Suramérica, sus andanzas por los rumbos del fútbol, así como también sus aquilatadas experiencias en los consultorios y los quirófanos como médico que impartió clases de traumatología en la Universidad de los Andes por 28 años. Si hubiese que escribirlo de nuevo habría que encender la computadora para agregar nuevas historias: la más reciente de ellas, la dedicada a Mineros de Guayana.

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