El mar picado de la Vinotinto

Toda esta confusión, este “maldito embrollo”, como el título de aquella película que últimamente ha rodeado al fútbol venezolano, tiene un matiz más cerca de las posiciones políticas que del derivado de canchas y balones.

Nunca se había pasado por un laberinto tan intrincado como este. Los jugadores que actúan en el exterior se han mantenido a la expectativa, porque a ellos también los ha rociado la división entre tirios y troyanos. Cada mañana se levantan a ver quién es “el técnico de Venezuela”: Richard Páez, César Farías, Jorge Luis Pinto, Eduardo Saragó, Jorge Burruchaga, Diego Armando Maradona, Gianni Savarese, José Pekerman y unos cuantos más: cada uno en su momento han ocupado el cargo dejado, ahora en tinieblas profundas, por Rafael Dudamel.

Pero entre los futbolistas sí había una voz de unanimidad: “Si es Maradona no vamos a colocarlos en el torso la camiseta Vinotinto”. Nunca lo dijeron, es verdad, pero se sabía, por algunas manifestaciones hechas por ellos en el pasado que esa iba a ser su inquebrantable posición. De haberse fraguado una crisis de ese tamaño, un cataclismo de tal magnitud, el seleccionador hubiese tenido que convocar muchachos del fútbol nacional para emprender una aventura que terminaría, infelizmente, en una debacle que solo serviría para traer a la memoria aquellos tiempos de perdedores sin remedio.

Los miembros de la Federación, navegando sin rumbo cierto en el río revuelto del fútbol venezolano, se han enfrentado por sus preferencias dentro de palacio. Cada federativo ha querido imponer a su candidato, mientras el dios tiempo abre sus fauces y les dice que, a solo dos meses del “opening” del Premundial, estás pronto para engullir a los desprevenidos. Venezuela, siempre recurrente, siempre en las mismas, sigue dando ventajas al andar perdida y sin rumbo en el bosque de las incertidumbres.

El cosmos futbolístico del país clama por un técnico venezolano, pues ante la urgencia del calendario no va a haber lugar para aquel que no entienda la idiosincracia criolla. Sin embargo, esto puede ser relativo: venir Pekerman, por ejemplo, no es lo mismo que si lo hiciera un eslovaco. Estuvo años en Colombia y eso le hace poder tener la percepción, con todos sus colores, de la manera de ser del jugador criollo.

Mientras todo esto sucede, el mar sigue picado. Y la Vinotinto, luchando con fe de marinero para evitar el naufragio, sigue esperando por momentos más felices.

Rizzi y Nikolac, aquella rebeldía…
En 1989, cuando las campanas del fútbol nacional aún no repicaban como ahora, Franco Rizzi y Daniel Nikolac, tomando conciencia del respeto que debe tener un jugador profesional, se negaron a ir a la selección que por aquellos días jugaría la Copa América y el Premundial; los maltratos recibidos por parte de la Federación los llevaron a tomar aquella dura decisión.

La diferencia con lo que ahora pasa es que entonces las razones eran futbolísticas y humanas, lejos de las oscuras trampas y simulaciones que rigen hoy. El fútbol ha cambiado, pero su esencia sigue intacta; tal parece que los directivos no piensan lo mismo.

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