El sueño olímpico del fútbol tiene sustento

Pocas veces como esta, Venezuela inicia un torneo clasificatorio suramericano de fútbol a los Juegos Olímpicos cargada de tantas ilusiones. El preolímpico que se disputa en Colombia y que se inicia mañana para la Vinotinto sub-23 cuando enfrente a Chile, es una oportunidad inmejorable para dar otro salto de calidad y seguir evolucionando en Suramérica. Las razones para tener esperanza en que el equipo dirigido por Amleto Bonaccorso será competitivo y podrá luchar por uno de los dos cupos a los Juegos Olímpicos de Tokio tienen un sustento muy sólido.

La base de la selección está conformada por alguno de los jugadores que culminaron subcampeones en el Mundial Sub-20 de Corea del Sur 2017. Baluartes de aquella inolvidable hazaña como William Velásquez, Josua Mejías, Rommel Ibarra, Jan Hurtado y Yeferson Soteldo comandan la tropa de Bonaccorso, uno de los mejores entrenadores del país en categorías menores. Recordemos que Bonaccorso ya fue el técnico de la selección sub-17 en Ecuador 2007 que quedó a dos puntos de clasificar al Mundial de Corea del Sur de ese mismo año. Es cierto que Venezuela no contará con otras figuras esenciales en el subcampeonato de 2017 como el arquero Wilker Faríñez, el mediapunta Adalberto Peñaranda o el zurdo Samuel Sosa, pero esas ausencias han sido bien cubiertas con Graterol, un guardameta de gran solvencia; Daniel Saggiomo, fino pasador, inteligente para poner la pausa o acelerar y cambiar el ritmo y Jesús Vargas, el rápido delantero que hace vida en el Gimnasia y Esgrima dirigido por Diego Maradona.

Las gestiones de la Federación Venezolana de Fútbol para lograr que el Santos de Brasil autorizara que Soteldo, mejor jugador del Peixe la pasada temporada, se uniera a la sub-23 este fin de semana puede resultar decisivo. Porque con Soteldo en la cancha, la selección tendrá más profundidad al ataque. El 10 del Santos es garantía de fútbol combinado, circulación del balón, paredes, superioridad para ganar los duelos, desequilibrio y gol. Es un mediocampista todo terreno que puede iniciar y culminar la jugada con su inteligencia, habilidad e inmejorable técnica para dominar la pelota. El torneo preolímpico es el más difícil de todos los campeonatos clasificatorios de la Conmebol, pues apenas otorga dos cupos a los Juegos Olímpicos. Brasil y Argentina son los candidatos puestos para quedarse con las plazas a Tokio, pero Venezuela ilusiona. A partir de hoy veremos si ese sueño olímpico viene acompañado en Pereira con goles y triunfos en la realidad implacable de la cancha.

Comparaciones odiosas
En diciembre del año pasado escribimos en este mismo espacio que con el respaldo necesario para realizar una preparación adecuada, la selección masculina de voleibol tendría la oportunidad inmejorable de clasificar a los Juegos Olímpicos. Con el apoyo de Mindeporte para cumplir con una gira de preparación en México y Cuba, el sexteto de la malla alta dirigido por Ronald Sarti cumplió en el preolímpico de Chile, donde el equipo local tenía todas las condiciones organizativas y el respaldo de la afición de su lado para obtener la única plaza en disputa a Tokio. Por eso, el mérito de la selección nacional es enorme.

Porque venció a Chile en el debut con categoría y se sobrepuso anímicamente de la inesperada derrota ante Colombia para vencer en el tercer duelo a Perú y clasificar a Tokio con la ayuda de Chile, que en una gran exhibición de ética deportiva liquidó a los neogranadinos. Alegra que el voleibol regrese por segunda ocasión a los Juegos Olímpicos después de doce años. Pero resulta innecesario y hasta absurdo comparar esta hazaña con la del baloncesto que tardó 24 años, entre Barcelona 1992 y Río 2016, para ser de nuevo olímpica. Simplemente, porque los sistemas de clasificación para ambos deportes son diferentes, y en el caso del básquet para ir a Tokio, por ejemplo, requería ser el mejor ubicado del continente en el pasado Mundial o vencer este año a potencias del mundo como Lituania en el repechaje. Así que en lugar de acudir a comparaciones odiosas para ensalzar o desmerecer a una u otra selección, hay que celebrar con bombos y platillos cada vez que un atleta o una selección nacional se mete en la élite de unos Juegos Olímpicos.

La esgrima a batallar en las Copas del Mundo
Difícil, por no decir cuesta arriba, el panorama de la esgrima para clasificar por equipo en alguna arma a los Juegos Olímpicos. En este momento los cuatro equipos con el boleto a Tokio en la espada masculina son Francia, Suiza, Italia y Ucrania. El chance de Venezuela es desplazar a Estados Unidos de la mejor ubicación continental para quedarse con el cupo por América. Pero no está fácil, porque los gringos marchan décimos y Venezuela ocupa el puesto 15. Las posibilidades de desplazar a los tiradores norteamericanos depende de que en las dos últimas Copas del Mundo que se disputarán en Vancouver, Canadá (febrero) y Buenos Aires, Argentina (marzo), Rubén Limardo, Jesús y Francisco puedan meterse en el podio y ligar que Estados Unidos ofrezca una pésima actuación. La misma situación se repite para la espada y el sable femenino, las otras dos armas que aún tienen opciones matemáticas de clasificar a Tokio por equipo. La espada femenina depende de que Estados Unidos regrese a la élite de las cuatro mejores, y al mismo tiempo desplazar a Canadá y Brasil de la cima continental. Por su parte, el sable tiene por delante a Estados Unidos (7mas) y Canadá (13) Para avanzar a Tokio requieren que las sablistas gringas suban al cuarto lugar y superar a las canadienses. Las Copas del Mundo que se disputarán en los próximos meses dirán si la esgrima clasifica a tres tiradores en las pruebas por equipo o si le tocará luchar en abril en el preolímpico de Panamá para buscar boletos individuales.

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