Risueño, amable y siempre positivo. El alma de la fiesta, eso es Néstor Molina en el clubhouse de los Cardenales de Lara desde su debut en la temporada 2010-2011. Su humildad y carisma le permitieron ganarse rápidamente el cariño de los fanáticos larenses, pero la consistencia de los últimos años le ha valido el respeto y la admiración de todos.
La gerencia crepuscular confía en su brazo, especialmente en esta época de postemporada. En las muchas variaciones que ha tenido la rotación de Cardenales en las últimas cuatro postemporadas, él popular «Superman sin capa» siempre ha sido una constante. Y ha ido de menos a más.
En la 2015-2016 hizo su primera aparición en postemporada como refuerzo de los Leones del Caracas para la semifinal, realizó dos salidas y sumó ocho episodios en los que permitió cuatro carreras limpias, regaló dos boletos y ponchó a seis para dejar una efectividad de 4.50
No fue el más dominante, pero su debut se vio con buenos ojos. Él prometió mejorar para futuras oportunidades, sin siquiera imaginarse que serían sus Cardenales los que durante los próximos cuatro años lo llevarían a la postemporada.
Desde entonces, entre playoffs y semifinales, suma 10 salidas en las que ha completado 48 innings y un tercio, además de cuatro apariciones en finales, contando por supuesto el cuarto juego de la serie en curso.
Es el caballo de las mil batallas y está demostrado que cuando le va bien, el equipo brilla también.
Tan es así que su mejor postemporada fue justamente la del año pasado cuando Cardenales consiguió su quinto título. Entre los playoffs y la semifinal completó dos salidas y dejó efectividad de 0.93, para luego ganar su único juego en la serie decisiva ante los Leones.
Si esa tendencia se mantiene, Cardenales puede estar tranquilo, porque este año Molina también ha brillado.
En la primera serie, frente a Magallanes, completó una salida de 4.2 innings en blanco, en los que ponchó a cinco y quedó inmaculado. En la semifinal, ante Águilas, promedió una efectividad de 1.80 al lanzar cinco innings de una carrera, un boleto y par de abanicados.
Este jueves, en el cuarto de la gran final ante Caribes, tiró seis entradas de apenas dos carreras y pasó a tres orientales por las armas para que los crepusculares empatarán la serie a dos y asegurasen volver a casa.
Cumplió la tarea, porque como él mismo siempre dice “Dios no falla”… él tampoco.




