La caída de Josef Martínez le ha “despejado” el panorama a José Peseiro. Y lo escribimos entre comillas, que quiere decir intención, porque como nunca antes un técnico de la Vinotinto había tenido tantas opciones como las que ahora tiene a disposición el conductor portugués sin el “estorbo” del atacante lesionado. Según los antecedentes del dinamitero del Atlanta United, fuera de acción por un severo golpe en una rodilla, el hombre iba a tener la obligación de colocar a Josef al lado de Salomón Rondón como responsables de la explosión final. Ahora Peseiro, libre de culpas y con ese “alivio” de la salida del dinamitero del estado Carabobo, se va a manejar entre Darwin Machís, Fernando Aristeguieta y Jan Hurtado para completar su poderosa pieza de artillería. Solo quedan 21 días para verle la cara a los colombianos en la cancha de Barranquilla, y las decisiones perentorias aprietan en la cancha de los sueños…
Pero el impedimento físico de Martínez conlleva también otra lectura. Ya sabemos de su enfrentamiento con otros miembros prominentes de la Vinotinto por las palabras pronunciadas por él en relación a la selección, jugadores que ahora no pasarán por el trago amargo de verle la cara y de jugar a su lado en el incómodo camino hacia la reconciliación. Son escaramuzas propias del fútbol de todas partes, y en este caso del venezolano, por los días que corren metido en una turbulencia de la que no sabe cómo salir: el lleva y trae en la elección del técnico nacional, las goleadas en los torneos internacionales, el despido de Rafael Dudamel de su equipo en Brasil. Y ahora, carajo, Josef Martínez frustrado con su pierna lastimada…
“De un mundo raro”, la canción del mexicano José Alfredo Jiménez, es la alegoría a una realidad que hoy arrolla a la sociedad. El canto remite a un amor perdido, pero nosotros queremos referirnos a un mundo que estuvo pendiente del partido Real Madrid-Barcelona, jugado a todo fútbol el domingo pasado, y que hace ver a los jugadores como seres más importantes que los científicos. Estos, perdidos en el anonimato, solo son tomados en cuenta por la opinión pública en momentos como el actual, con el corovarinus azotando sin pausas a la gente en cantidad de países. Y ese es un mundo raro, aunque tal parece que en los días que se viven, con la humanidad corriendo sin saber por qué y para dónde, ganada de cuerpo entero para la superficialidad, sudando por las angustias que llegan por los cambios de la tecnología y por la avidez desmedida del mercado dominante, es un mundo normal, que llega porque tiene que llegar, y la ciencia que siga a la sombra de los futbolistas y los cantantes de reguetón. Nos vemos por ahí.




