Copas, la historia sin fin

Todos los anuncios y promesas se derrumban, arrastrados en una loca desbandada, por los reveladores resultados de los encuentros suramericanos en los que, desprovistos de ropaje, los equipos venezolanos muestran su penosa desnudez y le dicen al continente que atraviesan por un oscuro túnel sin luz ni salida.

Ocho derrotas en catorce partidos, con tres empates y tres victorias, 12 puntos de 42 en disputa, y 11 goles a favor y 27 en contra. Ningún cuadro local clasificado a segunda fase en la Suramericana, en un contexto en el que equipos de Bolivia y Ecuador, por citar dos naciones a las que Venezuela supone estar por encima, metieron equipos en vueltas de avanzada para así poner más sal en la herida abierta con la cuchillada del fracaso.

Fue particularmente doloroso mirar por la televisión el partido en Montevideo, en el que Llaneros fue vapuleado sin misericordia por el Liverpool. Parecía aquello un juego de un equipo modesto, sin demasiada categoría como el uruguayo, pasando de largo ente un cuadro venezolano que estaba más cerca del amateurismo que de la frontera verdaderamente profesional. Por acaso, y para que la derrota fuese una paliza en dos frentes, ese mismo día trascendió el despido de Rafael Dudamel del Atlético Mineiro.

Solo se salvó en la Libertadores, a medias, el Caracas, que con máximos esfuerzos consiguió un empate en el Olímpico ante el Boca Juniors; no así Estudiantes, que en Mérida vio festejar al Racing de Avellaneda en un partido de fútbol lento y arcaico.

Este derrumbe precipicio abajo ha sido el más lacerante de los años recientes, con equipos a los que, a diferencia de la Vinotinto, se les ha perdido el espíritu competitivo. Ya por Suramérica corre el hiriente rumor, erradicado después de aquellos años de derrotas, cuando les toca enfrentar a un cuatro de aquí: “Puntos seguros, che”.

Por estos días, cuando se habla de revolución, al fútbol venezolano le hace falta una, no cosmética, sino muy profunda; un terremoto que acabe con sus estructuras actuales. Dicen que el de por aquí ha progresado, ajá, pero entonces ¿qué decir del de otros países que lo miran a sus espaldas? La turbulencia no cesa. Un año y otro, y otro más. Sin embargo, parece que apostar al fútbol nacional con la posibilidad de entrar en torneos internacionales, es un bocado suculento que unos cuantos muerden.

La plata en el medio es un botín que nadie está dispuesto a echar en el saco de la indiferencia.

La edad de Mineros

Richard Páez tomó las riendas tratando de salvar el prestigio del equipo de Puerto Ordaz, pero se topó con un contingente que ya ha visto perder el tren de la edad. Jugadores experimentados, seguramente demasiado, echan pie desde la camiseta de Mineros de Guayana.

Bregaron sin cesar y con fe ante el Sportivo Luqueño, pero debieron ceder su lugar ante una juventud que los va dejando atrás. ¿Cuántos años promedia la “Pandilla del Sur”? El fútbol, como la vida, pasa, y hoy, en tiempos de jugadores veinteañeros extraña mirar en juego a unos cuantos, como los de la muchachada de negro y azul, que ya pasan largo de los treinta.

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