Y el fútbol venezolano, ¿qué dice?

Basta con encender el televisor para conocer los movimientos actuales de las ligas de cualquier país.

Desde España llegan noticias de que el campeonato que lidera Barcelona en fiera pelea con el Real Madrid retornará a las canchas cuando Sanidad así lo decida, pero siempre con la esperanza de que pueda ser en menos de dos meses.

De Italia no se sabe tanto, pero hay la intención de que, apenas la llamada “curva del virus” comience a ser doblegada, posiblemente a comienzos de mayo, ya podamos mirar en brega incesante a Cristiano Ronaldo.

De Inglaterra, que aspira reiniciar su afán el 30 de abril, y Alemania, para el nueve del próximo mes, se oyen y se ven novedades, a veces contradictorias, pero casi todas alentadoras de un fútbol que quiere renacer. Son demasiadas las inquietudes porque la acción sea acción otra vez, demasiadas ganas de volcar en los estadios todas aquellas cosas que el fútbol lleva adheridas en su vientre…

Y entonces nos preguntamos: y el fútbol venezolano, ¿qué dice, dónde está metido? ¿Hasta en situaciones inéditas como la que vive el mundo hoy no tiene voz? Se han oído algunas cosas dichas por algún jugador, cómo no, pero no de la fuente oficial que es la Federación Venezolana.

¿Qué se ha pensado, cuándo podrían volver los equipos a disputar sus partidos? Lejos las copas Libertadores y Suramericana, distante el Premundial, son pocos los estímulos para el fútbol del país. Se depende demasiado de estos torneos porque al final de todo es un fútbol débil, sin la fortaleza en sus bases ni patrocinio (sponsors, como se dice en el deporte) que puedan hacerle soportar dificultades como las de este malhabido tiempo. ¿Hablará alguna vez?…

Juegos Olímpicos

Nunca como esta vez, Venezuela había pensado en dos medallas de oro, en teoría, seguras: la de Yulimar Rojas en el salto triple y la de Antonio Díaz en katá. No así el fútbol, por el que nos han preguntado. No, fue eliminado hace poco en el torneo preolímpico jugado en Colombia, en el que la Vinotinto fue una decepción.

Y es como un maleficio que la persigue en estas competencias, una “mufa” como dicen en el sur de América, o el “fukú” como se dice en República Dominicana y otros lugares del mar Caribe. Solo, y eso ya es una información repetida, asistió a los Juegos de Moscú en 1980 cuando por inasistencia de Argentina, sumada al boicot político contra la Olimpiada, y Perú, por dificultades económicas, le correspondió el cupo por haber llegado cuarta en la clasificación luego de vencer a Colombia y golear a Bolivia (resultados que no son nuevos: históricamente se repiten).

Al final del camino, el aplazamiento de los Juegos hasta 2021 ha sido un mal no solo para Yulimar y Antonio, sino para todo lo que en el mundo exista.

Nos vemos por ahí.   

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