Los tiempos parece que cambian. Parece no: cambian.
Las grandes instituciones futbolísticas, hoy en entredicho por los sucesos derivados de la invasión del coronavirus, se rascan las cabezas y ya los invade el pensamiento acerca del futuro inmediato. ¿Qué van a hacer para cambiar la estructura del fútbol? ¿Será que llega la contracultura?
La contracultura, símbolo de los años 60, fue un estremecimiento a lo establecido: el Existencialismo y la generación Beatnik, los Beatles, el Mayo Francés, Jean-Paul Sartre, el Che Guevara, la guerra de Vietnam, el rock, los hippies, y la pregunta contestataria, por primera vez en la historia humana, de los hijos a los padres luego de una orden hasta entonces irrefutable: “¿Por qué?”.
Y eso es lo que ha de venir. Los cambios profundos que implican el reverso de las transacciones millonarias y los contratos de ensueño. No más la compra de figuras por 100 millones de euros, como se ha visto ya con una frecuencia preocupante, ni los pagos de 40 “palos” por cada temporada. El fútbol, como entidad íntimamente vinculada al quehacer de la sociedad, no puede seguir siendo una pieza suelta de la maquinaria, metáfora que le leímos alguna vez a Gabriel García Márquez. El fútbol, pues, tendrá que someterse a las leyes naturales de la vida en común.
Vendrá la sinceración, una cierta humildad enfrentada al boato de los años recientes que hará que los jugadores se sientan parte de la sociedad donde se desenvuelven y no ajenos a ella, volando por encima de las cabezas de los seres comunes. Y aquí entran los futbolistas venezolanos. Acostumbrados a no ser tomados en cuenta por los sacerdotes del fútbol, echados a un lado y llevados siempre a equipos de segunda mano, ahora, en medio de la venida a menos en los costos de toda índole se podrán equiparar y, con las nuevas visiones, ser bien considerados.
Pero, poniendo en papel una situación imaginada, ¿aceptarán jugadores como Lionel Messi, Cristiano Ronaldo o Neymar jugar por, digamos, cuatro millones al año? ¿Estarán dispuestos a mudarse de sus mansiones de todo lujo a apartamentos de gente normal? Seguramente no, pero al final de cuentas los astros se van a ir pronto, y junto a ellos los que ven el fútbol como ellos. Vendrá una camada de juventud, un pensamiento por estrenar como si fuese una vuelta atrás, a los años 60, y los jugadores de por aquí van a tener sus oportunidades: son baratos, y están siempre dispuestos a tomar por el cuello a todo lo que huela a porvenir.
Llega una nueva vida, un fútbol de conciencia; llega la contracultura futbolística.
Saltar el muro
Pronto va a tener 31 años de edad, pero Salomón Rondón aún está a tiempo de llegar a donde hace tiempo ha debido estar. Con todo lo expuesto en el texto de arriba se le abren posibilidades de ir por el botín, pues mantiene un perfil de atacante de varios filos. Y como él, jugadores más jóvenes como Yeferson Soteldo, Yangel Herrera y Darwin Machis podrían alcanzar lo que hasta ahora ha sido un muro infranqueable, un territorio vedado para futbolistas venezolanos. Ellos podrían recibir la complacencia de los empresarios internaciones y los grandes clubes de Europa y América, y ser actores fundamentales de la contracultura que se asoma.
@camisetadiez




