De muchas maneras, el fútbol refleja a las sociedades del mundo. Ya en Europa se comienza a hablar con insistencia de la vuelta de los equipos a los entrenamientos y a los partidos de cada liga, aunque sin público en las tribunas, algo es algo, y ese es el anuncio más claro de la vuelta a la normalidad y en el irle ganando de a poco la batalla al virus indeseable.
En este caso el fútbol es como un mesías, como una guía de salvación en la intrincada selva en la que la vida se ha extraviado.
La sola noticia de que habrá fútbol y todo lo que ello conlleva, y si todo esto no es una falsa ilusión, se convierte en un faro de esperanza, un candil encendido, una antorcha en la oscuridad. Porque hoy el fútbol es la metáfora de la existencia, de que algo se mueve, de que no todo está perdido…
¿Exageramos, tal vez? ¿Son parcializados estos comentarios tan futboleros? Sí, puede ser, pero valen como alivio a la monotonía cotidiana que ahoga y que desespera.
El fútbol no es la vacuna tantas veces anunciada, pero casi… Las primeras luces las ha dado Alemania, que ya anuncia el reinicio de su Bundesliga para el nueve de mayo, es decir, dentro de doce días. Luego vendrán Italia, y España, Inglaterra, Francia, Portugal, Turquía, Rusia, y todos lo que conjuguen el verbo jugar.
Por América, aunque se oyen menos voces, se sabe que también están a la expectativa, esperando “aplanar la curva”, como se dice en estos tiempos, para entrar en las canchas.
Si el fútbol vuelve es porque algo se está tramando; algo como el retorno a las rutinas y al trabajo de cada hombre y mujer, los niños a correr y jugar, los viejos a recordar sus mejores días, y los amantes a hacer con desenfreno el amor dulce y postergado…
Viendo el nuevo paisaje del fútbol, allá en la enorme distancia que lo ha puesto la pandemia en la toma de decisiones, pensamos: ¿cómo harán ahora los clubes de Europa y América para tasar los costos de las transacciones? ¿Cuánto valdrá ahora un jugador cotizado? Por ejemplo, Neymar: se habla de su regreso al Barcelona, pero todos aquellos números que se manejaban hace dos meses tienen que haberse modificado, pero ¿cómo, hasta dónde? ¿Cómo harán ahora el Paris-Saint Germain y el Barsa para negociar en términos justos? Porque ¿quién pondrá los parámetros? Todo se ha dislocado, todo es ahora confuso.
Entonces, quizás habría que comenzar de nuevo, partiendo de lo antes hecho, y establecer nuevas leyes en eso que hemos llamado “la contracultura” del gran deporte.
Nos vemos por ahí.




