Tripleplay | El Salón de la Fama en 2022 promete ser controversial

En apariencia resulta apresurado. De hecho lo es. Solo que la elección al Salón de la Fama de las grandes ligas de 2022, ofrece un par de expectativas que bien vale la pena vislumbrar desde ya, aprovechando el furor reinante ante la espera de los resultados de la votación de 2021.

Y sobre todo por la presencia entre los aspirantes de Omar Vizquel, el campocorto venezolano que se encuentra en medio de su cuarta presentación ante el jurado de la Asociación de Cronistas de Beisbol de Estados Unidos. Y será precisamente en esta corporación donde se concentrará el interés el año entrante.

En 2022 habrá dos singulares nuevos aspirantes a la inmortalidad: el toletero dominicano David Ortiz y el odiado y a la vez adorado Alex Rodríguez. Cada uno personificando una corriente de opinión que mucho ha dado que hablar en los últimos tiempos entre los aficionados, los medios y periodistas que se ocupan de lo que acontece en las mayores. ¿De qué trata todo esto? En el caso de Ortiz, del bateador de la regla del bateador designado por el pitcher. En el de Rodríguez, el uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento en el terreno de juego.

El bateador designado nació en 1973 con un prejuicio sobre sus hombros: quien desempeñe ese rol es un pelotero a medio tiempo. Para fortalecer ese criterio, los primeros que actuaron en ese rol, fueron aquellos que las lesiones o los años habían mermado sus habilidades. Sin embargo, terminó convertido en una especialidad más, aunque no son pocos los que sostienen que una placa en Cooperstown no puede ser para quien pase la mitad del juego sentado en el banco, con un gasto muy inferior al que soportan quienes actúan a la ofensiva y a la defensa.

El uso de los esteroides llegó a la gran carpa a finales del siglo pasado, y su pecado además del aumentar la capacidad de desempeño, se fundamente en que varios de los señalados, poseían indudable talento, que todavía la opinión pública no se explica por qué recurrieron a sustancias químicas para hacer lo que podían hacer por encima del promedio, arruinando así sus imágenes de ídolos más que genuinos.

En el Salón de la Fama se encuentran bateadores identificados como designados, solo que parte de sus trayectorias transcurrieron en otras posiciones como pasó con Jim Thome, el boricua Edgar Martínez y Harold Baines, pero Ortiz personifica a cabalidad el papel de designado. En 2029 de los 2408 en los que participó estuvo como designado, como en 7566 de sus 8640 turnos al bate consumidos.

La aspiración de Rodríguez posee actualmente un antecedente de considerable peso. Sus contemporáneos, el toletero Barry Bonds como el pitcher Roger Clemens, aún están en lista de espera en ruta al templo. No obstante, en los comicios recientes se percibe una inclinación a darles el 75 % de los votos indispensables para la inmortalidad.

¿Qué hacer con el designado: excluirlo de la votación?

En defensa de Ortiz se pudiera esgrimir, que no tiene la culpa de que exista el bateador designado por el lanzador. Si no, por qué no se decreta la prohibición de incluirlos en las boletas. Asimismo, sus números cómo dejan de ser apreciados.

En principio un defensor de la primera base, estuvo en las mayores entre 1997 y 2016 con los Mellizos y los Medias Rojas, arrojando un saldo de 541 cuadrangulares y 1768 carreras empujadas.

Diez veces remolcó 100 o más rayitas y en tres fue líder de la Liga Americana. En buena medida por su bateo, Boston alcanzó ocho coronas divisionales, cinco banderines en la liga y tres Series Mundiales. Fue escogido para nueve Juegos de Estrellas. ¿Serán suficientes estos logros para los electores?

EN TIPS

Números de Rodríguez son monumentales. Bajo la perspectiva de sus estadísticas, para Rodríguez las cosas deberían ser más sencillas. Luego de jugar entre 1994 y 2016 con los Marineros, los Rangers y los Yanquis, es el cuarto de todos los tiempos con 696 cuadrangulares y el cuarto con 2086 empujadas. Además sumó 3115 imparables.

Las recientes votaciones podrían favorecerlo. Con más de todo un año por delante, es una temeridad prever que pasará con Ortiz y con Rodríguez en su ruta al Salón de la Fama de las Grandes Ligas, reserva que no existiría en otras circunstancias. Esperemos, aunque las últimas tendencias en la votación, parecen estar de parte de los toleteros.

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