Camiseta 10 | ¿Superliga, superdinero o superfracaso?

Con la Superliga recién creada podría pasar lo mismo que con el coronavirus: nadie sabe hasta dónde sería capaz de llegar. Si la pandemia abrió boquetes en la sociedad mundial, la idea del nuevo circuito prometía crear un cataclismo de características impensadas en el fútbol europeo.

Adiós Champions, llegó la Super, decían sus mentores. Con una preparación que ha llevado al menos diez años, con una asesoría que ha hurgado hasta los huesos en los asuntos legales y con 3.500 millones de euros de respaldo, sus promotores mostraron los dientes y desafiaron la autoridad suprema que durante décadas ha sido la Uefa. Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y vanguardia visible de este faraónico proyecto, soltó el pergamino contentivo de la liga que tendría su “ópera prima” en agosto; bueno, si de aquí a esa fecha todavía la Superliga, con deserciones a cada hora, aún existe. Lo anunciaron así a solo cuatro meses del arranque para no darle opción a la jerarquía de responder: tiempo es real, dicen por ahí.

No obstante, mosca, porque las cosas no iban a ser así nada más. La Uefa habló de desafiliación, y que no iba a permitir a los jugadores de los clubes inicialmente embarcados en la recién estrenada empresa regresar a sus selecciones: tiembla la tierra, el fútbol se estremece. Entonces, imaginemos a Argentina en el Mundial de Catar sin Lionel Messi, y a Portugal sin Cristiano Ronaldo. No así Francia y Kylian Mbappé, porque el París Saint-Germain, aun teniendo la invitación en las manos, decidió, en coro con los equipos alemanes, no acudir a la fiesta de los subversivos.

Decía el escritor Mark Twain que “el hombre es como la luna: todos tienen su lado oscuro”, y el “dark side” de todo este embarazoso asunto es el dios dinero. Los clubes en armas se alzaron porque la Uefa se lleva la gran tajada de los torneos internacionales, y con la Superliga todo cambiaría: la dulce mascada sería para ellos. Pero vale preguntarse: ¿para quiénes? Al paso que van, solo quedarán unos pocos clubes dispuestos a ir al campo de los duelos con las espadas afiladas.
Dejar escapar ese conejo vivo sin hacer el intento de ir por él sería ridículo, y la Uefa se ha procurado la trampa para cazarlo. Tiene la vacuna contra ese nuevo “covit-19”, el antídoto que ha mandado al diablo los intentos de enfermarla.

Estos días de terror van a marcar la pauta de los acontecimientos. Aun no se sabe cuál va a ser el iceberg y cuál el Titanic

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