Camiseta 10 | Fin de fiesta y vuelta a casa

Todo lo que comienza termina, y ya en la línea de los tiempos se asoma el fin de las temporadas europeas. Con algunos campeonatos decididos, otros por terminar y aun con luchas incesantes por alcanzar las coronas, el pensamiento de los jugadores comienza a desviarse hacia sus puntos de partida.

El fútbol, esa torre de babel de los días que corren, ha llevado a su seno a amamantar a hombres de cien países, de múltiples nacionalidades, y ahora estamos recordando el epígrafe de un libro del escritor dominicano Junot Díaz, “La maravillosa vida breve de Óscar Wao”, en el que Derek Walcott, ganador del Nobel de Literatura en 1992, dice:

“Solo soy un negro pelirrojo enamorado del mar, recibí una sólida educación colonial, tengo algo de holandés, negro e inglés, así que o no soy nadie, o soy una nación”. O no soy nadie, o soy una nación. Un sentimiento aplicable al fútbol de hoy, enriquecido por navegantes de muchos mares, por expedicionarios de cercanos y lejanos territorios…

Brasileños, argentinos, uruguayos, colombianos, por citar a los viajantes más reconocidos, pronto andarán de regreso y a reconocer sus propias huellas. Ah, y también venezolanos. Estos vendrán para sus vacaciones, pero por igual para incorporarse a la Vinotinto en momentos cruciales para el fútbol nacional. Después de una levantada, luego de haberse ganado el respeto de las demás selecciones suramericanas que hacían planes serios para enfrentarla, llegó el descalabro del último Premundial.

Por eso le tocará a esta generación decir dónde, de verdad y sin tomar atajos engañadores, está parado este fútbol, si de verdad podrá confirmar sus horas de brillantez o, carajo, su caída a oscuras profundidades en la neblina de los olvidos…

Porque los contrastes no cesan y por eso hacer comparaciones es tremendamente inconveniente. Hace unos días vimos en la Copa Libertadores al Táchira hecho pedazos ante Internacional de Porto Alegre, y casi en simultáneo, a La Guaira cumplir con decoro frente al Cerro Porteño paraguayo. Y de esto es de lo que se trata.

Ha faltado regularidad, constancia, precisión para que haya consonancia en los resultados.

La selección venezolana se va a reunir prontamente, por ahí llegan Yangel Herrera, Darwin Machís, Fernando Aristeguieta, Tomás Rincón, Salomón Rondón, José David Contreras, Wuilker Faríñez; un poco más tarde, por jugar en el siempre intrincado fútbol brasileño, Rómulo Otero y Jefferson Savarino; y desde Canadá, también enfrascado en la Major League Soccer, Yeferson Soteldo. Un magnífico grupo, una ilusión mundialista, un sueño de un país. Quién lo va a dudar.

Nos vemos por ahí.

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