Visión de juego | Triste, solitario y final aurimarrón

Triste, solitario y final; así parece que será el adiós de Trujillanos en el fútbol venezolano, si no encuentra el respaldo económico necesario para solventar su grave situación financiera. Como en aquella novela auroral del fallecido escritor y periodista argentino, Oswaldo Soriano, en la que el decante detective Philip Marlowe intenta descubrir la causa del desprecio y olvido al que ha sido sometido el famoso cómico del cine mundo, Stan Laurel, en esos años finales de su carrera, tras la muerte de su socio de comicidad y vida Oliver Hardy, con quien formó la inolvidable pareja “El Gordo y El Flaco” en la meca de Hollywood de los años veinte y treinta del siglo pasado; también hace falta contratar un sabueso para descifrar quiénes son los verdaderos responsables de la tragedia que vive el cuadro aurimarrón.

Nadie da la cara por Trujillanos. Quien venía ejerciendo la gerencia del equipo, José Luis Aguirre, abandonó el barco en pleno naufragio, y a estas horas los jugadores no solo tienen un año sin cobrar el dinero que se les adeuda, sino que les pidieron desalojar el hotel donde recibían hospedaje y comida, debido a la morosidad del equipo. La Liga Futve es poco o nada lo que puede hacer al respecto, pues no puede asumir la deuda contraída por los dueños de la entidad ni tampoco puede forzarlos a que paguen. Esa responsabilidad recae en los tribunales de justicia del país. Los abogados que representan a los jugadores de Trujillanos están abocados en conseguir que las personas que figuran como propietarios del equipo, cumplan con las obligaciones contractuales firmadas, mediante la incautación de sus propiedades y bienes.

Por lo pronto, Trujillanos tiene un partido en Valera en viernes ante Zulia que puede marcar su destino. Los jugadores están dispuestos a presentarse para mantener el equipo a flote, mientras esperan con paciencia de carboneros que los dueños del equipo cumplan con la plantilla y la historia de cuarenta años de esta institución; un legado de lucha y triunfos en la cancha que están bajo amenaza de extinguirse, porque si no aparecen los recursos y el equipo no puede seguir jugando los partidos en Primera División, entonces estará condenado a descender a la segunda o, incluso, desaparecer del mapa, en el caso de que el conflicto de intereses termine en la Cámara de Resolución de la FIFA.

La tragedia de Trujillanos debe servir para fortalecer la Liga y hacer cumplir en serio las exigencia de Conmebol para obtener la Licencia de Clubes. No se puede permitir que más aventureros, testaferros de no se sabe quién e inversionistas golondrinas sigan montando equipos aéreos, sin ningún respaldo económico, que culminan en esta desolación que afecta a Trujillanos, llena de incertidumbre a los jugadores y cuerpo técnico, que viven este triste, solitario y final de un gran y querido equipo que puede decir adiós.

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