Con la coincidencia de la Eurocopa y la Copa América, el fútbol parece que lo es todo. Y no es solo por los partidos, los goles imposibles de atacantes fieros, las paradas de pulpos de arqueros de otro mundo, el ordenamiento del medio campo de arquitectos egresados de universidades utópicas.
Todo ese universo tiene otros planetas, cosas que a lo mejor pasan cotidianamente pero que con los focos de la televisión puesto sobre los actores del fútbol se dimensionan hasta convertirse en temas de las reuniones familiares.
¿Quién no se asombró viendo a Cristiano Ronaldo echando a un lado, con cierto desprecio y no se sabe con qué intención, dos botellas de Coca-Cola? ¿Y a Paul Pogba, con sentido de emulación, haciendo lo mismo con una cerveza sin alcohol? Ajá, ¿y quién se hubiera imaginado, un años atrás, que Sergio Ramos lloraría el día de despedirse del Real Madrid?
Sin embargo, nada como el desmayo de Cristian Eriksen en plena cancha en el partido Dinamarca-Finlandia. Ese incidente no solo fue un episodio de fútbol, una incidencia rara pero posible ya vista otras veces, sino que fue tan conmovedor que en cualquier esquina de la ciudad se hablaba con tono preferente del hombre caído, de las lágrimas de sus compañeros, del pesar y la incertidumbre del público en el graderío.
Mucha gente estaba pendiente de su estado inconsciente, y cuando se supo que había vuelto en sí, que ya podía hablar, hubo alegría en las almas de todas partes de la Tierra.
El fútbol, demostrado está, toca casi todos los estrados de la sociedad. Aun en los países donde es menos favorecido, entre la gente a quien les resulta indiferente mueve los cimientos y estremece.
¿A quién, que no fueran los daneses, le hubiera importado la salud de un jugador arrastrado en el campo por un ataque a su corazón? Hoy día las sociedades tienen al fútbol como un elemento de su cotidianidad. Los medios de comunicación, la televisión “intrusa y culpable” ha hecho del fútbol un factor de globalización que, y que disculpen los políticos y hombre de estado de cualquier parte, ha ido más allá y ha calado más profundo que todas las reuniones y cónclaves mundiales de cancilleres y mandatarios.
En Venezuela no tiene aun ese tono de exaltación privada ni pública. Hay algunas discusiones, sí, pequeñas diferencias, aunque siempre alrededor de la Vinotinto y sus avatares. Bueno, dirán los futboleros, por algo se empieza. Así sea con la camiseta de ese color nacional.
¿La fe perdida?
La Vinotinto ha levantado polvaredas de entusiasmo en el país; Al fin, el fútbol ha servido para enternecer los corazones venezolanos, por mucho tiempo incrédulos con el fútbol criollo.
Sin embargo, las continuas derrotas han hecho que ese amor se haya enfriado. No obstante, luego del empate ante Colombia en la Copa América, jugado con personalidad y sin algunos de los titulares, la selección de Venezuela parece haber conseguido el regreso a las almas de la fe perdida. Hay un nuevo amanecer, una ilusión renacida que abre las alas y alza el vuelo en el Premundial Suramericano.
¿Cómo le habrá ido ayer ante Ecuador?
EN TIPS
- Fracaso. La idea de la Superliga, sostenida por los grandes clubes europeos consiguió un adversario temible en los gobiernos que se opusieron a su implementación.
- Diferencias. En países de Europa, reuniones de congresos se han suspendido por discusiones de fútbol: algunos van a un equipo, otros prefieren al rival.
- Anécdota. En una tienda de Río de Janeiro, dos empleados, mujer y hombre, discutían porque eran de equipos diferentes y amenazaban divorciarse. No eran extraños: eran un matimonio.
- Tifoso. Desde tiempo inmemorial, Silvio Berlusconi ha sido parte fundamental del Milan. Ni siquiera sus funciones de gobierno lo pudieron




